CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

Es histórico que la apertura hacia la democratización se inició desde el Sistema Político, atendiendo reclamos sociales para realizar cambios sociopolíticos en un régimen de partido hegemónico; se impulsó en 1963 creando los diputados de partido, electos por vez primera en 1964; Luis Echeverría redujo la edad para poder ser electo diputado y senador; López Portillo- Reyes Heroles- en 1977-79, lograron la gran reforma política que propició el pluralismo en ayuntamientos y Congresos legislativos a través de las figuras de Mayoría Relativa y de Representación Proporcional.

Marcos normativos electorales y procesos electorales fueron acomodando las circunstancias que hicieron crisis en la elección presidencial de 1988, la cual puede registrarse como el parteaguas democrático-electoral de México. Su inmediato antecedente es el surgimiento de la “Corriente Democrática” (1976- 77) al interior del PRI, originada en la disputa por el cambio de orientación económica del régimen (neoliberalismo en vez de la rectoría del Estado en la economía), y la exigencia de democratizar la elección del candidato priista a la presidencia de la república; ese diferendo terminó en ruptura dando lugar al Frente Democrático Nacional que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la presidencia en 1988.

Ese proceso electoral originó un Congreso con fuerte presencia de diputados y senadores contrarios al PRI: PAN 101 y FDN 139, contra 260 del PRI, con esos números el gobierno ya no podía reformar la Constitución por sí solo. Ese fue el punto de inflexión pues el gobierno necesitó negociar con el PAN y el FDN; para el primero significó un cambio de estrategia en su relación con el gobierno, pero el FDN adoptó la vía de la protesta no reconociendo legitimidad a Salinas. La actitud colaboracionista del PAN provocó divisiones a su interior, surgiendo el Foro Doctrinario y Democrático, y algunos de sus promotores, similarmente a lo acontecido a la Corriente Democrática del PRI, salieron del PAN, entre ellos Bernardo Batiz quien se incorporó al PRD.         

La estrategia del colaboracionismo panista pronto le rindió frutos: en julio de 1989 ganó el gobierno de Baja California, en 1992 llegó Guanajuato y después Chihuahua, el PAN abandonaba su perfil de partido testimonial para asumir el de un Partido en busca de cuotas de Poder. Mientras el PAN conseguía gobiernos estatales y las reformas del 27 y el 130 constitucionales, el PRD se debatía entre  sus conflictos internos y el enfrentamiento al gobierno. El resumen de esa década fueron reformas electorales sustantivas, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de diputados, el PRD obtuvo el gobierno del Distrito Federal y el PAN logró la alternancia en 2000.

La paradoja consistió en que la irrupción de FDN-después PRD- acicateó al panismo a competir electoralmente, ¿cómo le iba a arrebatar un partido de nueva creación su categoría de tradicional opositor justo cuando cumplía 50 años?

En el escenario actual la correlación de fuerzas ha cambiado: PAN-PRD de nuevo van juntos contra un gobierno priista, la conveniencia los reúne, el azul para competir por la presidencia y el amarillo por motivos existenciales; es una mixtura que electoralmente aporta poco. Cuando Luis H. Álvarez y Castillo Peraza encaminaban al PAN hacia éxitos electorales enfrentaron oposición y divisionismo, lo superaron, aunque no fueron candidatos en 1994 pues le tocó a Diego Fernández en 1994; ahora, Ricardo Anaya ha generado serias escisiones y trae fuego cruzado con el gobierno, dos elementos que operan como pesado anclaje que dificultará su despegue. Si le añadimos la participación de doña Margarita Zavala en la campaña presidencial, ya podemos imaginar el desgaste a que será sometido. Por su lado, el PRD sufre sangría permanente y su debilidad estructural es notable.

López Obrador es un factor de fuerte competencia, su prolongada gira por el territorio nacional, el enojo ciudadano, la desigualdad social, etc., lo potencian como el candidato a vencer, pero a medida que se acercan las fechas cruciales de este proceso empezará a revelarse tal cual es, como lo demuestra el que en su obcecada aspiración recibe de todo, les da alpiste y sacrifica a su militancia porque su estrategia es ganar, ahora o nunca. Sin embargo “la buena fe” con que recibe a quien se allega está conformando un coctel que nos permite imaginar lo que ocurriría en Morena en caso de no obtener la presidencia de la república: un escenario en que ex priistas, ex panistas, ex perredistas y los de adentro pelearán por el control de ese partido, sería una versión actualizada del PRD en sus mejores años, pero sin tribus.

El PRI está en aparente desventaja, pero José Mead tiene apenas tres meses de existencia como candidato priista y aunque ahora va en tercer lugar sin duda en junio estará colocado como el competidor más fuerte de López Obrador, si implementa con éxito su estrategia. La entrada en acción de los candidatos independientes será un ingrediente de alto impacto en el curso de este proceso electoral, pues va a alterar la actual visión electoral. Entonces, una vez más, comprobaremos que las encuestas son herramientas útiles como referencia de un momento determinado, pero no predicen ni victorias ni derrotas.

En la aldea jarocha sucederá un fenómeno análogo, la pérdida del impulso lopezobradorista incidirá en la correlación de fuerzas políticas y al final competirán fuertemente el PRI vs el PAN, mucho de esa variación tiene que ver con las circunstancias que rodean a cada candidato.

Lo anterior no es vaticinio, es un diagnóstico basado en datos duros, tomándolos como base es difícil equivocarse, en todo caso si hubiere pifia sería atribuible a una lectura incorrecta.

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