Pues así acaso…

Por Carlos Jesús Rodríguez

*Error amenazar al Presidente
*Pentontos dicen lo que harán

LOS PANISTAS encontraron en el combate a la corrupción una veta de oro. Sabían del hartazgo de la sociedad ante el raudal de acontecimientos que a través de los años han minado la economía social y agigantado la de unos cuantos. Por ello Miguel Ángel Yunes Linares ganó la gubernatura: porque prometió llevar a prisión al corrupto antecesor y sus cómplices, y aunque ha cumplido a medias, por primera vez la sociedad observó que, en efecto, se actuaría contra saqueadores y, de paso, contra presuntos asesinos que valiéndose del cargo, desaparecieron a personas que en muchos casos inhumaban en fosas clandestinas o, simple y llanamente, esfumaban en ácido o en las fauces de bestias salvajes, acaso menos que los autores materiales e intelectuales de semejantes atrocidades. Los veracruzanos exigían justicia cansados de atropellos y saqueos, y la exclamación en el circo romano retumbó en todo el país cuando, finalmente, Javier Duarte de Ochoa fue ubicado y detenido por el Gobierno Federal y, tras varios meses en Guatemala, traído a México para ser internado y procesado por un juez de control del Reclusorio Norte de la ciudad capital del país. La victoria se acrecentó cuando comenzaron a caer otros cercanos, algunos denunciados por crímenes de lesa humanidad, depredaciones brutales que les permitieron adquirir residencias en Estados Unidos, Canadá y Europa, sobre todo en Portugal y España, aunque, ahora se sabe que, también, en Inglaterra, donde reside la cónyuge del deshonesto ex gobernante, aquella que repetía incansablemente que merecía abundancia.

VERACRUZ SE convirtió, entonces, en un laboratorio. Los futuros candidatos del PAN-PRD a las distintas gubernaturas hicieron lo propio, y guiados por el ejemplo de los jarochos prometieron aplicar la ley y perseguir a los ex gobernadores y ex funcionarios corruptos, y así lo hicieron. En todos los Estados donde ha ganado la coalición antinatura se ha desatado una persecución brutal contra los antecesores. Roberto Borge, de Quintana Roo, ya está en la cárcel; César Duarte de Chihuahua tiene orden de arresto con fines de extradición, y lo mismo ocurrió en Tamaulipas con ex gobernadores anteriores al saliente, y en Nuevo León donde el gobernante independiente, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón no ha podido llevar a prisión a su antecesor, Rodrigo Medina de la Cruz por más que le ha buscado. El método arrojó resultados, y Ricardo Anaya Cortés –diseñador del mecanismo-, lo sabe de sobra. Por ello, tras mantener una convenenciera alianza con el PRI, el queretano decidió romper para colocarse en el banquillo de los acusadores, denunciando al PRI como el autor de todos los males que le han ocurrido a los mexicanos, incluidas las reformas estructurales que en su momento aprobó, defendió y hasta impulsó llamando, incluso, a Enrique Peña Nieto y a José Antonio Meade, mexicanos de excepción.

PERO LA ingratitud de Anaya Cortés experimentó una respuesta ejemplar. El defensor de la legalidad, el combatiente de la corrupción a ultranza, el inmaculado político que en pocos años se convirtió en un hombre multimillonario propietario de múltiples bienes cuyo origen es incierto -de tal suerte que ahora forma parte de una investigación por lavado de dinero y operaciones con recursos de procedencia ilícita en la que, al menos su ex compadre y ex amigo de quien se desligó por conveniencia, Manuel Barreiro, está siendo investigado por la Procuraduría General de la República-, ahora es acusado, y Anaya se defiende –aunque no aclara su fortuna- argumentando que se trata de una persecución política porque iba al frente en la preferencia ciudadana rumbo a la Presidencia, algo que nadie le cree, sobre todo porque no presenta pruebas para desestimar los señalamientos en su contra.

DE ESA manera, el PRI aprendió del PAN que combatir la corrupción es buen negocio electoral, y en ese tenor se la devuelve a Anaya Cortés a quien no le gusta que lo acusen, muy a pesar de que sacó raja cuando lo hizo, e incluso vino al Estado a montar una escenografía en el Palacio de Gobierno donde durmió en los pasillos para exigir cárcel contra Javier Duarte, recuperación de lo robado y pago de adeudo a alcaldes de su partido y del PRD. Y ahora que el abanderado presidencial está en el banquillo de los acusados, culpa al Presidente Enrique Peña Nieto de su desgracia, pero no aclara ni presenta pruebas de los créditos que dice haber adquirido, ni del plazo que le dieron para pagar el débito ni de muchas cosas que en materia financiera es fácil dar seguimiento cazando la huella del dinero, y desesperado ha prometido llevar a prisión a Peña Nieto en caso de ganar la presidencia, esto es, la venganza en ciernes, como amenaza ser su gobierno.

PERO LA amenaza de Anaya al Presidente Peña Nieto: “quien haya incumplido la ley tendrá que pagar, y ello incluye al titular del Ejecutivo Federal”, constituye un arma de doble filo, ya que si bien por una parte podría mejorar su perspectiva en torno a aquellos que desean ver en la cárcel –como en algunos países de América Latina- a un ex Presidente, por la otra, estaría por engendrar una alianza PRI-MoReNa si el primero ve imposible de ganar la elección presidencial o, en la peor de las situaciones, apelando al origen autoritario de la Nación –que se formó con la escuela impositora de los españoles durante la colonia y el surgimiento de los cacicazgos-, el abanderado del PAN-PRD-MC corre el riesgo de enfrentar todo el peso del sistema e, incluso, convertirse en el primer abanderado presidencial en alcanzar la cárcel antes que la Primera Magistratura.

Y ES que Anaya sentenció en un afán de intolerancia y suficiencia –sin tomar en cuenta que el acusado, actualmente, es él y no Peña Nieto que “si se demuestra que él (Enrique Peña) cometió actos graves de corrupción, por supuesto que sí (lo llevará a prisión). Ya estuvo bueno de que haya intocables en nuestro país” (acaso pensando que el Jefe de las Instituciones Federales le llamará ipso facto para “negociar” o pedirle perdón, aunque en una de esas le toma la palabra y, en efecto, se acaban los intocables, comenzando con el propio Anaya Cortés que no ha aclarado lo medular de la investigación contra Manuel Barreiro: el lavado de dinero para favorecer al panista. Y es que ya lo dijo alguna vez el ex Gobernador Miguel Alemán Velasco: “solo los pen-tontos dicen lo que van a hacer”, y acaso en ello el queretano lleve la penitencia. OPINA carjesus30@nullhotmail.com