En México, solo a quienes económicamente les va muy bien se resistirían al cambio que el país requiere, porque de la clase media hacia los estratos sociales menos favorecidos ansían mejorar su condición, ese es el debate fundamental en el proceso electoral en curso. El problema radica en saber quién de los aspirantes a la presidencia de la república es el más conveniente para encabezar ese cambio, o si las propuestas que plantean son las adecuadas para lograrlo con éxito y no vaya a resultar peor el remedio que la enfermedad: ¿Anaya? ¿Meade? ¿López Obrador? ¿A cuál de ellos confiará la ciudadanía mexicana la grave responsabilidad de sacar adelante al país? El cambio lo queremos todos, el quid del problema es escoger razonadamente a quien mejor lo vaya a conducir.