CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma Villanueva

Si bien en el pasado hubo una elección a la cual se calificó de la “madre de todas las elecciones” y la del 2000 trajo la alternancia, el proceso electoral en curso presenta tintes que bien pudiéramos calificar de inédito en cuanto a sus circunstancias, actores políticos y de estrategias. De paso, en Veracruz adquiere características especiales porque la elección de gobernador y diputados coincide con la federal, lo que obviamente impacta en su desarrollo.

Respecto de las circunstancias podemos subrayar que el PRI compite en condiciones de merma territorial respecto del 2012, pues gobierna 15 entidades federativas entre las que el Estado de México y Jalisco destacan por su rango electoral, pero sufrió la pérdida de Veracruz en 2016; en esa lista aparecía Chiapas (Verde Ecologista), pero los “genios” de la estrategia hicieron todo lo posible por marginarla. El PAN gobierna en ocho estados, el PRD en 4 y ambos en “coalición” en 3, es decir, en números están casi al parejo. Sin embargo, cualitativamente la balanza se desnivela si se atiende al padrón electoral, pues el PRI cuenta con aquellos dos enclaves, mientras que el PAN-PRD tienen Veracruz, y el Sol Azteca la Ciudad de México. Esa es la fuerza electoral de cada uno de esos frentes, aunque la paradoja nos dice que MORENA no gobierna en ninguna entidad pero va a la cabeza de la apreciación ciudadana.

En cuanto a estrategia, el PRI sigue implementando la de invalidar a alguno de sus adversarios, cuando la competencia es de tres: en 1994, Zabludowski presentó en horario estelar a dos medios hermanos de Cuauhtémoc Cárdenas, con el mensaje subliminal del valor de la integración familiar. El año pasado lo hizo en el Estado de México, en donde bajaron a Josefina Vázquez Mota difundiendo negocios turbios de su padre y hermanos, después de eso ya no volvió a levantar cabeza; y ahora a Ricardo Anaya le ventilan documentación que aparentemente lo inculpa por enriquecimiento ilícito. Es obvio que si se comprueba su presunta culpa se derrumbarán sus posibilidades de competir, pero si libra este torbellino veremos un Ricardo Anaya más competitivo y de mayor agresividad contra el PRI-gobierno. La implementación de esa estrategia priista es descontar a uno para quedar solo dos en competencia.

Anaya sembró vientos y está cosechando tempestades, porque su ascenso, méritos personales a parte, es fruto de complicidades con el gobierno de Peña Nieto, lo ayudaron a crecer y todo iba dentro de los cánones políticos hasta que se sintió con la suficiente fuerza en las alas para volar solo: al interior de su partido se deshizo del patrocinio de Gustavo Madero, enfrentó al calderonismo y fue la causa eficiente para la renuncia de Margarita Zavala al PAN, desafió al Diario El Universal y al gobierno de Peña Nieto, uno de sus impulsores al estrellato. Obviamente, en su escalamiento pisó callos y fue dejando cruces en el camino, por eso nada extraña que doña Margarita exprese: “Las mentiras de Anaya rayan en la personalidad múltiple. Es una pena que en el PAN se haya autoimpuesto un mitómano como candidato. Para todos los panistas yo seré una opción que defienda los valores que dieron vida a Acción Nacional”. Bien dicen en el llano: “cuando vayas de subida no lastimes a nadie porque los encontrarás de bajada”.

En agosto de 2017 Cuauhtémoc Cárdenas afirmó que una alianza entre PRD y el PAN sería aberrante, era como juntar agua con aceite. Pero Cárdenas olvidó que antes de la elección intermedia de 1991 el PRD invitó al PAN a suscribir el Acuerdo Nacional para la Democracia en defensa del voto, y a postular candidatos comunes, pero el PAN rechazó la propuesta por falta “de coincidencias programáticas” y porque, según Juan Estrada, “cuando se han lanzado candidaturas comunes con el PRD el PAN ha perdido votos, las coaliciones crean confusiones en el electorado respecto a las identidades de los partidos…”. Sin embargo está comprobado que electoralmente ese coctel es rentable, como se demostró en la elección para gobernador de Veracruz en 2016.

En Veracruz, por lo menos durante la vida institucional del PRI (1946), jamás había coincidido una elección de gobernador con la de presidente de la república, es un fenómeno nuevo en esta entidad. Esta circunstancia tiene diversas lecturas: si el presidente de la república contara con aceptable apreciación pública, el beneficiado sería su partido, pero como no es así el candidato del PRI está obligado a redoblar esfuerzos. Por otro lado, el PAN gobierna el Estado y este es un factor que lo puede beneficiar o afectar negativamente a su candidato, según sea la apreciación pública respecto del gobierno estatal, y todo sugiere a semejanza de la federal una elección de Estado. En otro renglón, la coincidencia con la elección del presidente, con Morena en plan de aplanadora, el “efecto” López Obrador pudiera influir fuertemente en la elección estatal. Esta hipótesis se irá confirmando o desfigurando según transcurra el proceso electoral y se produzcan los efectos de las estrategias utilizadas por los partidos. Una de ellas la describe Cuitláhuac García, quien asegura que el gobernador le “anda cerrando los ojitos” a alcaldes de su partido y que algunos de estos “ya andan desvariando”. No sería nada extraño que desertaran de Morena quienes utilizaron esas siglas para acceder a una presidencia municipal, el antecedente está en los diputados que abandonaron Morena para engordar la bancada del PAN en el Congreso local.

Y en el mar de las especulaciones, no falta quien da por vencido al Partido Revolucionario Institucional, cuyo candidato al gobierno recorre la geografía veracruzana hace ya algún tiempo y por lo mismo es conocido por buena parte de la población. Se encuentra en medio de dos vigorosas fuerzas electorales, una la representa el PAN apoyado en programas y acciones de gobierno, otra Morena con el empuje de López Obrador, pero tampoco está desprotegido porque el PRI gobierna en el ámbito federal, con todas sus consecuencias.

alfredobielmav@nullhotmail.com

3- marzo-2018