Será muy interesante ver si el gobierno priista de México se atreve a plantarle la dignidad en el rostro al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ahora que pasó de las meras bravatas a los hechos, imponiendo aranceles punitivos al acero y el aluminio importados. Después de José López Portillo, que pase a sus aberraciones administrativas mantuvo una política exterior no alineada, la nota de los siguientes mandatarios, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, ha sido un entreguismo ominoso a los intereses comerciales y políticos norteamericanos. La determinación “trumpista” también lastima a Canadá y la Unión Europea, quienes han respondido que podrían imponer medidas de represalia. Otros países harían lo propio. Nuestro país aún no fija una postura, pero ojalá que al hacerlo no sea una nueva decepción para los mexicanos, porque además de que impactará las exportaciones nacionales de ese producto, si Donald se la come solo, es el comienzo de lo que sí será una guerra comercial contra México.