Viernes contemporáneo

Por Armando Ortiz                                                           

Fidel Herrera sufrió un derrame cerebral. Desde la noche del miércoles 21 de marzo se encuentra hospitalizado en un hospital de Santa Fe en la Ciudad de México. Mediante mensaje de Twitter su esposa Rosa Borunda dice que el exgobernador se encuentra estable y evoluciona favorablemente. Su hijo Javier Herrera Borunda dice que su padre les dio un pequeño susto, pero que ya está fuera de peligro. Fidel Herrera ya tiene 69 años, cumplidos apenas el 9 de marzo pasado. Fue gobernador de Veracruz de 2010 a 2016. Durante su gestión la delincuencia organizada operó a sus anchas; particularmente los Zetas hicieron lo que quisieron en el estado, extorsionando, robando, secuestrando, asesinando. Tarde nos enteramos por el contador de los Zetas que Fidel había recibido 20 millones de dólares para que ese grupo delincuente operara con plena libertad en el estado de Veracruz. De esto deducimos que Fidel nos vendió como si fuéramos de su propiedad. Pare él fuimos la hija adolescente que es entregada a los delincuentes para que la violen, para que hagan lo que quisieran con él. Si alguien se alegra de que Fidel Herrera esté padeciendo las consecuencias de sus excesos, no se lo podemos reprochar. Fidel Herrera se ha ganado el repudio de millones de veracruzanos que vivimos esos seis años llenos de terror. Pero todavía peor, Fidel dejó como sucesor a un engendro de codicia que dejó a Veracruz devastado.

Fidel Herrera ante el espejo

El próximo año Fidel Herrera cumplirá 70 años, eso si no se le atraviesa otro derrame cerebral. Hace 12 años, cuando tenía 58, fue gobernador de Veracruz. 58 no son pocos años, sobre todo para Fidel que desde joven gozó de muchos privilegios en la política. Se dice que Luis Echeverría al escucharlo discursar le agarró simpatía y lo empezó a apoyar; hablamos de principios de los años setentas. Desde ese entonces Fidel tuvo diversos cargos, también puestos de elección popular, fue diputado dos veces y senador de la República. A los 58 años, ya privilegiado como pocos, Fidel podía agradecer a la vida su generosidad, pero no. Ya cerca de los sesenta Fidel se convirtió en un ave de rapiña que quiso devorarlo todo. Comentan sus más cercanos colaboradores, que Fidel tomó a todas las mujeres que quiso, a las más hermosas les regaló hasta hoteles. Dicen esos excolaboradores que Fidel se dio a los excesos como nunca antes, siendo que estaba a un paso de la tercera edad. Le entró una codicia como no se había visto en un gobernante antes; la codicia es el deseo de tener lo que no te pertenece. Al final Fidel ya es un hombre hecho, es decir deshecho. El periodista Armando Ortiz anticipó su final: «Sólo una cosa más señor Doctor, cierta noche, cuando esté solo en su habitación acérquese a un espejo, mírese fijamente a los ojos y pregúntese si está orgulloso del sujeto que ve; a lo mejor estará satisfecho, como el ave de rapiña después del banquete, pero orgulloso, le juro por esta Patria que todavía no logro entender, orgulloso nunca lo va a estar. Sólo espero que un sujeto como usted nunca nos vuelva a ocurrir en Veracruz».

A Carlos Marín de Milenio, el tiro le salió por la culata; quiso exhibir a AMLO y el exhibido fue él

Si la intención de Carlos Marín era exhibir al “loco, irracional y mesiánico” Andrés Manuel López Obrador, al parecer el tiro le salió por la culata. En un debate televisivo en el que estuviera el excorresponsal de Proceso y ahora colaborador de Milenio, se cuestionó a AMLO sobre diversos puntos que han generado polémica en las últimas semanas. Y es que mientras López Obrador se vio como un tipo sensato y carismático, completamente en sus cabales, Carlos Marín se veía furibundo, fuera de sí, como dijeran los del pueblo, “como si trajera un pedo atorado”. Por más que Marín quiso entramparlo no pudo, pues López Obrador respondía tranquilo sin querer polemizar. De la misma manera respondía a Silva Herzog y a Aguilar Camín y al Puig, émulo de Marín. Los razonamientos de AMLO no eran lo descabellado que esperaban, además mostró firmeza y congruencia, cosa que irritaba a Carlos Marín, quien se salió de sus casillas e interrumpía, se excusaba, se daba baños de pureza y pregonaba su objetividad. Al final la audiencia se dio cuenta de ello y lo manifestó en las redes sociales donde hicieron pedazos al que llamaron el “perro Marín” y Mister Chayote.

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