Su caso es propio del teatro de lo absurdo, aunque electoralmente es producto de nuestra folclórica “democracia”; fue alcalde de San Blas, en Nayarit, y se hizo famoso porque declaró que robó “poquito” porque ese municipio es muy pobre. Se volvió a postular a la alcaldía y ganó, fue un alcalde derrochador y tuvo arrestos para ser candidato al gobierno de aquel estado. Amigo de quien fuera el Fiscal de Nayarit, ahora preso en Nueva York, y del gobernador en turno, ahora acusado de “N” número de delitos,  Hilario Ramírez Villanueva, el popular “Layín”, enfrenta denuncia penal por el delito de peculado, ejercicio indebido de funciones y lo que le resulte, que la Auditoría Superior de la Federación le encontró en sus pesquisas. No es apología, pero con todo eso, si se volviera a postular, el “Layín” volvería a ganar, cosas de la democracia.