Por supuesto, no es remedio de muchos y mucho menos causa consuelo saber que en Mérida, Yucatán, exista una cámara hiperbárica abandonada hace ya nueve años debido a la irresponsabilidad de gobernantes. Ese aparato puede atender simultáneamente a 20 personas con diferentes síntomas: diabetes, descompresión, cáncer, traumatismos y quemaduras, pero a pesar de su utilidad y elevado valor permanece abandonado en un edificio construido exprofeso a un costo de 75 millones de pesos (se adquirió apoyado en una donación de 11 millones de pesos del Grupo Financiero Banorte). Habría que preguntar al gobernador en turno sobre este caso propio de Ripley porque además del desperdicio económico se deja de atender con eficiencia a quienes padecen enfermedades graves y pudieran salvar sus vidas.