Desde el Café
Por Bernardo Gutiérrez Parra

Dicen quienes la vieron, que el día que destaparon a José Antonio Meade como precandidato del PRI a la presidencia de la República, a la delegada de la Sedesol Anilú Ingram Vallines, se le fue el color y sufrió un severo ataque de ansiedad.

Miguel Ángel Osorio Chong, que la puso en esa dependencia, había perdido la carrera más importante de su vida y dejaba en la orfandad política a sus seguidores, colaboradores y amigos, entre ellos a Anilú.

Una vez repuesta, Anilú dijo a sus más cercanos (aunque en tono poco convincente), que aún con todo sería nominada candidata del tricolor a la senaduría.

Un columnista amigo de la funcionaria, me dijo que la candidatura de Anilú estaba más firme que nunca pues sería uno de los acuerdos que negociaría Osorio Chong con el precandidato Meade.

Si no me reí en su cara, es porque respeto mucho al columnista.

Anilú no resultó candidata, entre otras cosas porque desde el momento en que destaparon a Meade, Osorio Chong lo perdió todo, hasta su influencia en el primer círculo del poder. Y se convirtió en un político frustrado al que hay que tener cerca, pero no tanto como para cumplirle sus caprichitos.

Durante sus casi seis años como Secretario de Gobernación, el hidalguense construyó un andamiaje político con miras a la presidencia que involucró a secretarios del gabinete, gobernadores, senadores, diputados federales, alcaldes y si tantito me apuran, hasta comisariados ejidales, que estaban más puestos que un calcetín esperando la orden de arranque de Osorio Chong.

Pero ésta nunca llegó porque Peña Nieto tenía otros planes.

Osorio Chong nunca estuvo en el radar del presidente para sucederlo en el cargo. Su plan A siempre fue Luis Videgaray y sus planes B y C eran Meade y Aurelio Nuño en ese orden.

Desde el escándalo por su casa en Malinalco que lo dejó maltrecho, Videgaray le dijo al presidente que no aceptaría la candidatura. Sin embargo, sugirió a José Antonio como la mejor opción. Y Peña optó por el ex Secretario de Hacienda.

Insisto, reitero y subrayo, Miguel Ángel Osorio Chong jamás estuvo en el horizonte de Peña Nieto para ser candidato, a pesar del enorme poder que llegó a tener como Secretario de Gobernación, poder que lo llevó a estar a nueve puntos de López Obrador en las encuestas. Y poder del que el propio presidente tenía conocimiento.

Pero, suponiendo sin conceder que Osorio Chong hubiera ido en lugar de Meade ¿qué habría pasado con Anilú Ingram?

Que en estos momentos sería candidata indiscutible del PRI al senado.

Este fin de semana un analista político me dijo algo que pudo haber resultado cierto en el futuro. “Vamos a suponer que Osorio Chong no sólo fuera el candidato sino que ya hubiera ganado la presidencia. ¿Sabes quién sería su propuesta para la gubernatura de Veracruz en 2024?  -sin esperar mi respuesta agregó-  la señora Anilú Ingram”.

Ante mi cara de sorpresa agregó: “Para el 2024 Osorio Chong ya iría de salida pero seguiría conservando el poder. Anilú habría recibido todo el apoyo presidencial en su gestión como senadora y sería la candidata incuestionable del presidente (Osorio Chong) para la gubernatura. Por desproporcionado que te parezca todo eso hubiera sucedido con Anilú; pero con la designación de Meade la mujer perdió a su poderosísimo pero único soporte y quedó a la deriva”.

De acuerdo con el analista, al elegir a José Antonio Meade como candidato del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto desbarató de un manotazo el entramado político que con tanto esmero construyó Osorio Chong y en el que Anilú ocupaba un lugar sustantivo en Veracruz.

Es decir, Peña Nieto no sólo fulminó las aspiraciones presidenciales de su Secretario de Gobernación, sino que de manera indirecta y quizá sin proponérselo, le cortó las alas a Anilú Ingram. Unas alas con las que la ex reina del Carnaval veracruzano hubiera podido volar alto… muy alto… mucho muy alto.

La hipótesis del analista no suena descabellada.

bernardogup@nullhotmail.com