Es verdad que las finanzas no andaban bien, los bancos apretaban y el fantasma de la quiebra se asomaba para la familia de Jorge Carvallo en Xalapa, aunque al menos se podía convivir con amigos y parientes sin temer al “qué dirán”. Pero vino el torbellino de la fidelidad y la aciaga sucesión de Duarte y levantó hasta el cieno de los pantanos que cayó sobre familias respetables en Veracruz. La ganancia del dinero fácil y abundante se convirtió en lugar común, no importaba que el origen de ese dinero fuera fiscal para destinarlo al beneficio colectivo, era cuestión de aprovechar la abundancia. Ahora, después de esa borrascosa fiesta han venido los sinsabores a no pocos empresarios, entre ellos a los propietarios de la empresa del Grupo Herberen (según el SAT empresa fantasma), que hoy por hoy están bajo el escrutinio de la Fiscalía y la Comisión Nacional Bancaria. Cargan también la pasada loza del medicamento apócrifo vendido al Sector Salud sin miramientos morales solo para ganar más dinero, que por cierto no pueden gastar porque sus están depositadas en “cuenta en investigación”, es decir, están “congeladas. ¡Pero, qué necesidad!