Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez

*Veracruz entre los más pobres

*Candidatos a comprometerse

DOS TEMAS serán torales en las propuestas de solución que ofertarán los candidatos a la Gubernatura a partir del inicio de campañas: inseguridad y pobreza, ambas tan graves que una empuja a la otra convirtiendo al Estado en un caos. Y es que, contra lo esperado, el combate a la inseguridad –enarbolada en la pretérita campaña por quien ganó la elección para el bienio 2016-2018- no ha dado buenos resultados, por el contrario, la línea de violencia ha rebasado expectativas, lacerando a hombres, mujeres, adolescentes y niños, ya sea de manera directa o colateral. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval, en su informe “Evolución de la Pobreza 2010-2016”, Veracruz es el Estado con más pobres de México, entendido esto como las personas que presentan al menos una carencia social y no tienen ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades, incluso, alimentarias pero, peor aún, está en pobreza extrema cuando presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta básica. Las cifras de la evolución de la pobreza medidas por Coneval son las siguientes: en 2010 Veracruz tenía 4 millones 448 mil personas en pobreza; para 2012 disminuyó a 4 millones 141 mil 800; dos años después se elevó a 4 millones 634 mil 200 personas y en 2016 se registraban 5 millones 049 mil 500. Pero no solo eso; la pobreza extrema también creció 18.7 por ciento entre los años 2014 y 2016, en suma, hasta 2016 había 5 millones 049 mil 500 veracruzanos en situación de pobreza, lo cual significó 415 mil 300 personas más con respecto a la evaluación del 2014, mientras que aquellos que estaban en situación de pobreza extrema rebasó a las 900 mil personas y en pobreza moderada paso de 3 millones 263 mil 800 a 3 millones 717 mil.

Y AUNQUE, seguramente, se culpará de esa situación a Javier Duarte de Ochoa, lo cual no está muy alejado de la realidad, lo cierto es que en Julio del año pasado, el director de Integración, Análisis e Investigación del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Enrique Jesús Ordaz López, advirtió que los esfuerzos de las autoridades en el primer semestre del gobierno en turno “no han sido suficientes para cumplir con la Agenda 2030 en Veracruz, a fin de disminuir los índices de pobreza en el Estado”. Y aunque no dejó de reconocer que se ha avanzado en ese rubro, aún hay pendientes que se deben cumplir para mejorar las condiciones de vida de los veracruzanos, ya que el estado es el tercer lugar a nivel nacional por número de personas en situación de pobreza, y a ello se suma el grave problema de corrupción que advirtió, es uno de los conflictos que incide directamente en el combate a la pobreza y el desarrollo económico, aunque dijo que no es el único que influye. En el caso de la pobreza extrema, aunque ésta se redujo en un 0.8 por ciento en la Entidad al pasar del 17.2 al 16.4 por ciento, lo que implicó que 38 mil veracruzanos abandonaran esa condición, la situación sigue siendo grave para ese sector de población, pues de acuerdo al Coneval, una persona se encuentra en pobreza extrema cuando presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta básica alimentaria. Los datos que arrojó la evaluación refieren que el porcentaje de la población vulnerable por carencias sociales es del 19.9 por ciento, lo que representa un universo de 1 millón 619 mil 700 veracruzanos que no tienen ni para comer.

HAY QUIENES consideran –y no nos referimos a la administración en turno para que no se den por aludidos-, que la delincuencia se combate matando a los delincuentes, para lo cual se requiere de una policía debidamente entrenada y equipada para tales fines como ocurrió en el pasado reciente -y al parecer sigue ocurriendo-, y por lo cual 19 policías y varios mandos han sido vinculados a proceso-, pero esas muertes, suponen los mandos, tienen que ser selectivas, porque no se trata de todos los delincuentes sino de la parte más vulnerable, la de menos valor social y humano, esto es, la delincuencia de abajo, la del último escalafón y no los de arriba. Otros, sin embargo, sostienen que el Gobierno debe engendrar las condiciones para la creación de empleos y, no solo, modificar la política laboral para que se otorguen buenos salarios y mejores condiciones de vida en seguridad social para ellos y sus familiares, amén de un salario que supere los 20 mil pesos mensuales, y acaso esto último sería lo indicado porque nadie en sano juicio puede vivir con 2 mil 500 pesos mensuales, y menos si se tiene hijos, esposa y, para variar, padres por quién velar.

POR ELLO la solución a los problemas de la delincuencia no es, simplemente policial, ya que nada se resuelve matando a delincuentes o rematándolos. Lo peor es que en muchos casos, la Policía forma parte del problema y no de la solución debido a que la mayoría son pobres, provienen de los barrios y zonas rurales, y algunos obtienen rangos superiores usando su influencia y poder superar la miseria, y haciendo, por lo tanto, lo que, justamente deben combatir al asociarse al crimen, el narcotráfico y la delincuencia en sentido general por unas cuantas monedas que le permitan mejorar sus ingresos para llevar al hogar.

NO BASTARÁ, por lo tanto, que los candidatos en cada evento político prometan acabar con la delincuencia en 3, 6 meses o un año, si antes no combaten la pobreza, porque se quiera o no aceptar, el auge de la delincuencia está intrínsecamente asociado a los niveles de pobreza de cualquier sociedad del mundo. A mayores niveles de pobreza y marginalidad, mayores niveles de asaltos, robos, secuestros, crímenes, extorsiones o levantones, y en ese sentido debe quedar claro que para combatir la delincuencia e inseguridad, hay que hacerlo primero con la pobreza. Los candidatos, por lo tanto, deben ser serios, y tomar en cuenta lo que líneas arriba se menciona: muchos policías, no todos, por fortuna, están asociados a la delincuencia por ambición, necesidad o amenazas del crimen, y si el futuro Gobernador no corrige esos detalles, no haciendo una razia de uniformados sino mejorando salarios, prestaciones y preparación, la delincuencia seguirá al alza y la pobreza alimentando sus filas. Una cosa va concatenada con la otra, aunque los puritanos opinen lo contrario por convicción o conveniencia. OPINA carjesus30@nullhotmail.com