Hace seis años sonaba fuerte el rumor sobre la injerencia de Salinas de Gortari para favorecer la candidatura de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república, ahora esa comunión se presume en sentido diferente: ambos personajes militan en frentes opuestos. Precisamente en momentos en que para salvaguardar sus interese de grupo y personales debieran mantenerse unidos, uno de ellos alimenta la aversión pública contra el otro, a la vez que debilita a uno sin realmente favorecer al otro propicia el “tercero en discordia” como polo al cual se cargaría uno de los bandos en disputa. Lo paradójico es que se trata del adversario común y en su momento les cobraría a cada cual un gran expediente. Sin duda, el escenario actual cobra singular relevancia histórica.