No es el único, mucho menos el primero, pero Damián Sosa Castelán, dirigente de Movimiento Ciudadano en Hidalgo, es un prototipo de Chapulín político: inició su trayectoria en el PRI, pero según en ese partido no reconocieron sus méritos y se inscribió en el PAN, allí tampoco hizo huesos viejos porque Movimiento Ciudadano le ofreció un brillante futuro, solo que no le cumplieron las cuotas de  poder que pretendía y ahora se va a MORENA que recibe de todo, basura política, cascajo y chatarra política porque un voto es un voto. Lo menos malo para Sosa Castelán es que todavía le quedan opciones en el PRD, el Verde, el Panal y en el PES. Ni el único ni el primero, tampoco el último porque casos de este tipo se replican por todo el país en tal medida que es posible resumirlos en un libro sobre este fenómeno interesante político que desglosa a la perfección el desempeño de la naturaleza humana en la política.