En la jornada electoral en julio próximo podremos constatar hasta qué grado ha madurado la ciudadanía mexicana, si vota en automático por un partido lo mismo para Presidente que para legisladores, cual voto duro, o diferencia su elección votando por el candidato de su preferencia al margen del partido que lo postula. Se habla mucho acerca de quién será el Presidente, pero se olvida la importancia implícita en la conformación del Poder Legislativo, que en circunstancias como las que vive México no es asunto menor si nos atenemos a la experiencia histórica que ha supeditado la acción del gobierno a los acuerdos del Congreso.