Es muy escaso el trabajo de operación política y mercadotecnia publicitaria que tiene el equipo del candidato del PRI a gobernador del Estado, José Francisco Yunes Zorrilla. No se observa el residuo de potencia que le haya quedado al partido ex aplanadora, o queda en claro que la célebre fuerza del tricolor era sólo un mito sustentado en la dictadura perfecta de que hablaba Vargas Llosa, pero que carece de un verdadero soporte en líderes auténticos. Afecta mucho al senador también el declive que arrastra las aspiraciones de José Antonio Meade para llegar a la Presidencia de la República Los cuatro principales aspirantes andan en las mismas, con la diferencia de que Miguel Ángel está montado en la estructura gubernamental que tan diestramente maneja su señor padre; Cuitláhuac cabalga en ancas del potro que conduce Andrés Manuel y la señora González Sheridan es una vacilada. El PRI debería dar la batalla porque son necesarios equilibrios, pesos y contrapesos para hacer frente a lo que parece una “arrastriza” por parte de Morena, aunque desafortunadamente se sabe que liderazgos intermedios del tricolor están vendiendo sus lealtades con el gobernador, y los otrora célebres dinosaurios que arropan a Pepe no son equipo para una situación de crisis como la presente. Hasta hoy todos parecen sumidos en el mar de la confusión y el desconcierto. Lo malo es que el prestigio personal de Yunes Zorrilla, como hombre y como político, no es suficientemente robustecido por su equipo, que parece confiar sólo en la figura del candidato para atraer los votos.