“-Amigos…hermanos…compañeros…señoras…señores…-Lentamente, como si las arrancara del barro pegajoso, fue sacando las palabras, poniéndolas en movimiento, abriendo anchos silencios entre una y otra, como si esperara que una nueva a la que no había llamado viniera a añadirse a las que llevaba dichas-. Es evidente…para ustedes…para mi…para todos los que…vivimos…en este país…es evidente, digo…que contemplemos…un proceso…inflacionario…del que no somos responsables…pero cuyas…consecuencias…de todos modos padecemos…porque no podemos…sustraernos a ellas…

-Gracias…muchas…gracias a todos…Compañeros, gracias…Muy amables…
-¿Cómo me oíste…?
-Mal…y si me apuras, diría que pésimamente.
-¿por qué estuve mal?
-A la gente que vino a verte, a la que va a seguir viniendo, hay que hablarle como político, no como profesor…Lo que dices necesita calor, color, sabor…Dicho de otro modo: haz que cuando hables tus palabras se vean, se huelan, se les sienta el peso…así, te entenderán.”

Fragmento del libro Palabras mayores, del ciclo “La costumbre del poder”, de Luis Spota, siglo XXI editores (2017)