Se antoja difícil calificar la gestión de Duarte de Ochoa como “gobierno” porque este concepto implica administrar recursos económicos para convertirlos en beneficios sociales y de infraestructura física, carretera, urbana, de salud, etc. Pero si se gastó el dinero sin evidencias objetivas de que ese gasto haya servido a la población, entonces no puede ser bien calificado. Se ejemplifica con dos casos, entre muchos de ese tipo: en Perote se inició la construcción de un hospital a unos metros de la planta de tratamiento de aguas residuales, seis años después no se ha concluido y definitivamente quedará en condición de inconcluso porque el sitio es improcedente para un hospital. En Papantla también se inició la construcción de un hospital, pero el terreno es inapropiado porque corre permanente riesgo de deslaves, La lista de torpezas es larga, algunas corregibles, como sucedió en la Torre Pediátrica, otros como el de Nautla, quedarán como monumento a la estulticia de quienes autorizaron proyecto y gasto.