Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

Demasiada parece ser la obsesión que el régimen gobernante en Veracruz tiene en contra de Morena, sus candidatos y las autoridades salidas de ese partido político.

Desde que asumió la gubernatura, Miguel Ángel Yunes Linares emprendió una especie de “cruzada” personal en contra de todo lo que oliera o pareciera pertenecer a Morena, empezando por su líder, Andrés Manuel López Obrador, con quien protagonizó inútiles escaramuzas verbales cada vez que el hoy candidato presidencial se presentaba en Veracruz.

De igual manera, tras las elecciones municipales del año pasado en la entidad, Yunes Linares se dedicó a amenazar con botarles la seguridad pública y otros servicios a los presidentes municipales electos de ese partido si no accedían a acompañarlo en actos públicos.

Ese acoso ha continuado desde que asumieron sus responsabilidades como autoridades municipales, con campañas negras a través de sus medios afines y corifeos en las redes sociales e incluso con amagos judiciales, para ellos o para sus familiares, con el fin de amedrentarlos.

La fijación y las presiones del yunismo panista contra los morenistas se han incrementado en el arranque de las campañas. Primero, con la irrupción de las botargas de Hugo Chávez durante un evento en Xalapa del candidato a la gubernatura, Cuitláhuac García Jiménez. Y al otro día, con la obstrucción de un mitin de Andrés Manuel López Obrador en Córdoba por órdenes de la presidente municipal yunista-panista, Leticia López Landero.

Sabido es que Miguel Ángel Yunes Linares es un hombre de rencores profundos y prolongados. Su confrontación de más de 30 años con Fidel Herrera Beltrán es prueba fehaciente de esta afirmación, aunque en ese caso habría una disputa de índole personal de por medio, lo que no sería el caso en su tensión con López Obrador y sus seguidores.

¿Cuál sería entonces el motivo de lo que tiene todas las trazas de una obsesiva persecución orquestada con recursos del estado en contra de los integrantes de esta opción política?

La respuesta quizás podríamos encontrarla en la encuesta que publicó este lunes el periódico El Heraldo de México y que levantó la empresa Arcop, en la cual quien aparece en primer lugar de las preferencias por la gubernatura de Veracruz al arranque de las campañas es ni más ni menos que el abanderado de Morena, Cuitláhuac García Jiménez.

Desde hace varias semanas, era un secreto a voces que en las encuestas reales –no en las que se difunden como meros productos propagandísticos- es el morenista y no el panista Miguel Ángel Yunes Márquez quien está a la cabeza de las preferencias por la gubernatura veracruzana, por un margen reducido. Según la encuesta de Arcop/El Heraldo, apenas dos puntos porcentuales. Pero ventaja al fin.

Y existe un dato adicional: es el candidato priista José Francisco Yunes Zorrilla el que más ha crecido en las tendencias en las últimas semanas. Escenario que pondría en serio riesgo las aspiraciones dinásticas del yunismo panista en Veracruz.

Así que, viéndolo bien, sí se puede entender la embestida que desde el gobierno estatal se ha lanzado contra sus nuevos “enemigos”. Muy parecida a la que sufrió el propio Yunes Linares cuando se convirtió en “opositor”, época de la que, tal parece, ya no quiere acordarse.

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