El concepto “populismo” está muy manoseado pues lo mismo se aplica a quienes ofrecen remedio a los pobres sin saber a ciencia cierta si cumplirán, que a la pretensión de reactivar proyectos derivados de un estado de bienestar que al menos en México se ha extinguido tomando su lugar un crudo neoliberlaismo. De inicios revolucionarios podemos encontrar un caso clásico de populismo en Nicaragua, donde Daniel Ortega demuestra que su fruición por el poder lo ha convertido en un auténtico dictador, tal cual fue Anastasio Somoza a quien combatieron y derrocaron  integrados en una guerrilla revolucionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional y gobernó desde 1979 a 1990 cuando fue derrotado electoralmente. Ahora, Ortega, desde 2006 cuando ganó la elección está convertido en un dictador, formando un gobierno cargado de nepotismo pues sus hijos y esposa controlan todo el poder en ese sufrido país centroamericano en donde la característica principal es la pobreza.