Xalapa, Ver. a 4 de abril de 2018./ Redacción Sociedad 3.0

Los aspirantes a los diferentes puestos públicos en el país han optado por minimizar o hasta desligarse un poco de la imagen del partido al que pertenece, ante tanto desprestigio y conflictos en los que son ligados, en particular con los candidatos presidenciales ha tomado estas medidas al personalizar los logos, del tal manera que no sean igual al original pero que si hagan  referencia en los colores, en el caso de Antonio Meade quien ha hecho uso de triángulos de los colores de lo 3 partidos que abandera: verde (PVEM), turqueza (Nueva Alianza) y rojo (PRI).

Por su parte, Ricardo Anaya ha ocupado su nombre como estandarte sin poner el logo que lo respalda, sino simplemente se limita a la utilización de los colores representativos de la coalición “Al Frente por México” que la componen Azul (PAN), Amarillo (PRD) y Naranaja (MC)

 

La tendencia crece porque ahora los partidos y los candidatos tienen una forma de manejarse distinta, ahora te venden la imagen del candidato y  no la del partido, aunque siempre prevalecerán las ideologías que la organización política tenga, en esencia un partido no sólo es el candidato sino es una estructura que trabaja en conjunto para llegar al objetivo en ese caso la presidencia, simplemente ahora se están resaltan las cualidades del candidato de lo que él va hacer por la nación, siempre destacando que es “él” candidato no “el” partido.

Por su parte quien sí ha resaltando el logo y la imagen de su partido es Andrés Manuel López Obrador. Esto tiene una razón importante, la coalición “Juntos Haremos Historia” encabezada por Morena busca posicionamiento como un partido político pues es la primera vez que participan en la contienda federal.

Ante el rechazo social, es natural que actualmente lo partidos sean más cuidadoso en su forma de llegar a los votantes, es humanizar el partido, es generar empatía, idiosincrasia, representación, que en suma estreche la estimación  entre el candidato- elector; al final llegar un punto en el que el ciudadano ignore un poco el partido y tenga la sensación que “Ahorra sí es el bueno”.