Política para no iniciados

Por Jorge Flores

En las próximas semanas escribiré sobre los candidatos a la presidencia de México, las campañas están iniciando y esto no tiene ganador hasta la noche del primero de julio, el resto son especulaciones y calenturas anticipadas.

Iniciaré con José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos por México conformada por el PRI, el Verde y el PANAL.

Es indiscutible que José Antonio Meade es el candidato con mejores credenciales académicas y de mayor experiencia en gobierno, lo que sin duda representa un gran activo que tiene que explotar en su campaña, así como su fama de honestidad durante su paso en importantes secretarías en los últimos 20 años.

Es un hombre sencillo y de carácter tranquilo, no busca confrontación y no es estridente en sus declaraciones, entiende que es indispensable generar confianza y certidumbre aún en época electoral y tiene claro que una declaración puede destrozar la economía de un país.

No era el candidato natural de Peña Nieto, por lo que no pudo conformar un equipo político que lo acompañara y construyera los frentes defensivos que requiere. Su candidatura creó algunas resistencias importantes en miembros distinguidos del gabinete y, de alguna forma, aunque no tan visible como en el PAN, generó grietas que difícilmente podrán salvarse en lo que resta del proceso electoral.

Puede desenvolverse mejor que cualquiera en temas económicos, cuenta con el conocimiento y las tablas necesarias en los foros económicos nacionales e internacionales, lo que indiscutiblemente es su mayor fortaleza.

Su debilidad se encuentra en la agenda de corrupción, es muy complicado que pueda estructurar alguna propuesta creíble cuando prácticamente por sus manos pasó la responsabilidad de los cientos de miles de millones de pesos desviados durante este sexenio.

Es indiscutible que, como Secretario de Hacienda y Crédito Público contó con información de primera mano del saqueo de Javier y César Duarte, Roberto Borge, así como de los abusos de Rosario Robles y otros sinvergüenzas que se les permitieron todo tipo de excesos.

A pesar de que la corrupción no es patente exclusiva del PRI, para millones de mexicanos representa prácticamente una acepción del mismo concepto. La idea que más erosionó la presidencia de Peña Nieto inició con la exposición de la Casa Blanca, de ahí todo se derrumbó como castillo de naipes, los casos de Odebrecht, OHL y sin duda, todo el entramado de empresas fantasma o estafas maestras que permitieron una financiación ilegal del PRI en procesos electorales estatales e intermedios.

Lo peor fue que todo el andamiaje de corrupción por medio de empresas fantasmas, para fondear campañas políticas, fue completamente inútil; el PRI perdió durante este sexenio bastiones electorales importantísimos, solo conservó el Estado de México y eso apenas, ahora no cuenta con esas palancas electorales para la elección más importante del sexenio.

Para Meade, realizar una propuesta anticorrupción como candidato del PRI es complicadísimo, requiere de toda la capacidad argumentativa posible. Tal parece que tiene que exponer que él puede combatir la corrupción porque sabe y comprende los mecanismos que se han utilizado para saquear presupuestos completos. Comprometerse con practicar auditorías reales y eficientes cuando sea presidente y construir las instituciones fuertes y ciudadanas que la combatan de una manera más efectiva la corrupción.

Creo, que tiene que hacer una campaña de propuestas inteligentes que nos hable de atraer inversiones, crear fuentes de empleo y elevar la productividad. Convencer que la única forma de combatir la pobreza es creando riqueza y que, para hacerlo es indispensable generar certidumbre y confianza. No se puede gritar y ser estridente, el capital es muy sensible y nadie quiere invertir donde no existe seguridad en la inversión o la política a gritos pide que todo se vaya al carajo.

También estoy convencido que debe hacer una propuesta de un proyecto de nación viable a 20 años, la idea de México como potencia mundial no es mala, ahora tiene que convencernos que nuestro país es uno de los grandes, que ya estamos en las ligas mayores; tenemos algunos pendientes, pero contamos con la capacidad y el talento para enfrentarlos con éxito.

Sería buena idea que hablara de terminar con el amiguismo en el gobierno, proponer una ética del mérito, que sean los mejores los que se hagan cargo y cambiemos todo aquello que nos detiene a ser un México más próspero e igualitario.

Tendrá que ser un discurso diferente, algo que no se parezca ni suene a PRI, porque de otra manera, la tiene muy difícil.

Jorge Flores Martínez

jorgeflores1mx@nullme.com