En medio de una “civilización” degenerada desde sus cimientos -de ahí viene el cuento del “Pecado Original”- o sea, que desde que naces vienes con pecados; pero los del cuento se olvidan que hecha la ley, hecha la trampa; y que éstos se “lavan” con agua…

Estas palabras unos, como es lógico, las interpretaron a su manera, y por instantes inmergen completamente al individuo en un río de preferencia, pero puede ser en una laguna, en un lago, en una alberca, en una tina, o donde quepa el sujeto, y lo emergen ya libre del pecadote que ya traía desde que nació…

Otros el asunto del lavado de pecados lo arreglan con un jicarazo de agua en la cabeza, que, generalmente, a pesar de estar previamente bendecida, hace llorar a los asustados bebés que no saben ni qué onda -los grandecitos ya no lloran, pero siempre hacen caras al momento de la mojada-…

 Y desde luego acompañando a la celebración con una buena pachanga -con chupe, por supuesto- para celebrar el hecho de que ya hay uno más del rebaño al que se le prohíbe pensar…

Como que con esto podría suponerse que con el jicarazo o el bucito dan inicio a una verdadera lavada, sí; pero de cerebro.  Pues a partir de ese momento debes de creer en milagros que nunca nadie ha visto y que nunca nadie verá…

Aderezados de las más grandes absurdeces en las que debes de creer so pena de perderte el cielo.  Que según recientes declaraciones del papa argentino, consiste en encontrarte con Jesús, y embelezarte para toda la eternidad con su sola presencia…

En contra parte, si no obedeces lo que él dice que debes hacer, entonces te irás para toda la eternidad y te horrorizarás con la presencia de Don Sata.  Ni para qué relatar las terribles quemaduras de 3er grado que nunca sanarán y que te atormentarán para toda la eternidad…

¡Sopas! Debe de pensar para sí el iniciado en el rebaño de Jesús.  Con esas alternativas mejor obedezco, pues en el cielo, que lo pintan como campo nudista debido al buen clima que siempre prevalece, permite que todos anden encuerados.  Y también debe de andar por ahí algunas angelitas de no mal ver…

En el infierno debe de ser todo lo contrario, las diablitas, las que se portaron mal, deben de estar todavía mejor que las angelitas; el detalle está en que nomás las puedes ver…

Ahí está el tormento, la tortura, el martirio, el suplicio, el sufrimiento, porque con el ardor y lo llagado de las quemaduras tienes bastante como para andar pensando en otras cosas…

En el entendido que también debe de haber angelitos y diablitos.  Ellas también tienen su coranzocito, diría esa agitadora social, incitadora a la violencia, luchadora por el sexo débil ¿? que fue Simone de Beauvoir (1908 – 1986) a la que bien se le podría conocer como La Ché Guevara de las feministas…

Pero ya que hablamos de lo que nos espera en la otra vida, ya sea con las diablitas o con las angelitas, cabe citar que los tiempos están girando tan rápido hacia el cambio de Era, que antes la eterna lucha de clases era el origen de las revoluciones; pero ahora parece ser que será la lucha será entre los dos sexos…

Entendiendo que en La Madre Naturaleza solo hay dos sexos; y algunos son hermafroditas, es decir, tienen los dos sexos.  Pero los homosexuales, lesbianas, similares y genéricos, son literalmente, por definición, antinaturales…

En La Madre Naturaleza todo es orden.  De acuerdo a la especie, hay quienes viven solos y nada más buscan pareja para procrear.  Pero también hay quienes forman sociedades que, por cierto, se organizan mejor que nosotros.  Hay matriarcados y hay patriarcados, y todas funcionan bien…

Nosotros podemos ser lo que queramos ser, esa es nuestra ventaja sobre el resto de las especies.  Podemos optar por lo que mejor nos convenga y se adapte a nuestros intereses.  Podemos ser monógamos, o podemos practicar la poligamia, como se quiera…

Pero siempre, por mandato de La Madre Tierra, es Ley que los dos sexos se atraigan bajo el influjo del instinto de la conservación de la especie.  Por lo que el enemistarnos entre nosotros, entre los hombres y las mujeres, representaría el fin de la raza.  Y mientras dure, una vida muy aburrida.

 Y nos vemos mañana, si el Sol me presta vida.