El periodo del presidente Peña Nieto puede desgajarse en dos bloques, el primero colmado de futuro promisorio incluye la formación del Pacto por México que permitió realizar las reformas estructurales en materia de educación y energía; todo iba bien hasta Ayotzinapa ese terrible parteaguas que persigue al presidente con la tenacidad de Tlatelolco a Díaz Ordaz. Es el claroscuro de una conducción política de altibajos, complicada desde la decisión de concentrar en un solo mando control político y seguridad pública, allí se enredó Osorio Chong quien no pudo con el enorme paquete. Aún flota en el aire ¿quién sugirió al presidente soslayar lo ocurrido en Ayotzinapa sin iniciar operativos de inmediato? Pero el fracaso ha llenado de cadáveres al país y ese es un expediente que como enorme fardo hunde famas y prestigios, y para colmo, ya casi al final ocurre el asesinato de tres jóvenes en Jalisco revelando la crudeza de una realidad nacional de incertidumbre e insomnio.