La infraestructura educativa y las causas del desastre

Por CARLOS A. LUNA ESCUDERO

Acceder a la educación es un derecho fundamental de todos los seres humanos, porque les permite adquirir conocimientos y con ellos alcanzar una vida social plena. El derecho a la educación es vital para el desarrollo económico, social y cultural de todas las comunidades. Sin embargo, en nuestro Estado continúa siendo inasequible para miles de niños y jóvenes.

La educación es un derecho humano que debe ser accesible a todas las personas, sin discriminación alguna. Las normas internacionales reconocen la importancia de este derecho e insisten en la necesidad de ponerlo a disposición de todos. Por lo tanto, los Estados deben concentrar sus esfuerzos en el área.

Por otra parte, la educación es uno de los factores que más influyen en el avance y progreso de personas y sociedades. Además de proveer conocimientos, la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos.

La educación es necesaria en todos los sentidos: para alcanzar mejores niveles de bienestar social y de crecimiento económico y para nivelar las desigualdades en ambos rubros; para propiciar la movilidad social de las personas; para acceder a mejores niveles de empleo; para elevar las condiciones culturales de la población; para ampliar las oportunidades de los jóvenes; para vigorizar los valores cívicos y laicos que fortalecen las relaciones de las sociedades; para el avance democrático y el fortalecimiento del Estado de derecho; para el impulso de la ciencia, la tecnología y la innovación.

La educación siempre ha sido importante para el desarrollo, pero ha adquirido mayor relevancia en el mundo de hoy, que vive profundas transformaciones motivadas en parte por el vertiginoso avance de la ciencia y sus aplicaciones, así como por el no menos acelerado desarrollo de los medios y las tecnologías de la información.

En las economías modernas, el conocimiento se ha convertido en uno de los factores más importantes de la producción. Las sociedades que más han avanzado en lo económico y en lo social son las que han logrado cimentar su progreso en el conocimiento, tanto el que se transmite con la escolarización, como el que se genera a través de la investigación. De la educación, la ciencia y la innovación tecnológica dependen, cada vez más, la productividad y la competitividad económicas, así como buena parte del desarrollo social y cultural de los pueblos.

La experiencia mundial muestra la existencia de una estrecha correlación entre el nivel de desarrollo de los países, en su sentido amplio, con la fortaleza de sus sistemas educativos y de investigación científica y tecnológica. Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un año adicional de escolaridad incrementa el PIB per cápita de un país entre 4 y 7%.1

Atrás quedaron los tiempos en que se consideraban como un gasto las erogaciones en educación. En la actualidad, el conocimiento constituye una inversión muy productiva, estratégica en lo económico y prioritaria en lo social. En suma, la educación contribuye a lograr sociedades más justas, productivas y equitativas. Es un bien social que hace más libres a los seres humanos.

Por todo lo anterior, no es explicable el terrible deterioro de la educación en Veracruz y la poca importancia que las últimas administraciones estatales le han dado a su desarrollo.

Con una infraestructura educativa que ya quisieran la mayoría de las entidades de la República, es una vergüenza que nuestro estado sea 5º lugar nacional en rezago educativo.

En efecto, Veracruz cuenta, según datos de la Secretaría de Educación, con 23 mil 397 escuelas, de las que 20 mil 990 son de carácter público y el resto particular; de éstas, 20 mil 765 son de educación básica, entre las que se agrupan 7 mil 736 de educación preescolar, 9 mil 601 de educación primaria y 3 mil 428 de secundaria. Cuenta, asimismo, con mil 817 de educación media superior y 368 de educación superior; así como con 447 planteles de capacitación para el trabajo.

En el sistema educativo veracruzano están matriculados un total de 2 millones 238 mil 836 alumnos, a quienes imparten clases 136 mil 676 docentes.  De estos, un millón 568 mil 632 alumnos y 89 mil 080 docentes corresponden a la educación básica; 345 mil 659 alumnos y 28 mil 166 maestros, a la educación media superior; 188 mil 313 alumnos y 16 mil 467 profesores, a la educación superior, de los que únicamente 7 mil 969 alumnos y 2 mil 159 docentes corresponden al posgrado. En lo que se refiere a la capacitación para el trabajo, cuenta con 118 mil 032 alumnos matriculados y con 2 mil 963 profesores.

Con semejante estadística del sistema educativo veracruzano, uno de los primeros del país en cuanto a lo cuantitativo, no se acaban de comprender las terribles deficiencias y el notable rezago en rendimiento escolar y educativo en que se encuentran nuestros jóvenes. ¿De quién es la responsabilidad? ¿Qué es lo que no ha funcionado?

Por supuesto que no son los maestros los responsables del desastre educativo, mucho menos los alumnos, ni siquiera las deplorables condiciones de muchas de las escuelas ubicadas en territorio estatal.

En mi opinión, la respuesta se encuentra en un sistema educativo sin pies ni cabeza, con normatividad rebasada desde hace mucho tiempo, basado en una estructura orgánica administrativa ineficiente y deficiente, en la falta de una verdadera simplificación administrativa y en la corrupción para la entrega de RVOES a las escuelas particulares.

También se encuentra en la falta de políticas educativas que atiendan la calidad, con todo lo que eso implica, en todos los niveles de instrucción; en un sindicalismo caciquil que se apoderó de las estructuras administrativas y operativas de la dependencia rectora del sector y de sus organismos descentralizados; en la designación de funcionarios públicos sin perfil ni conocimiento de la educación y nombrados por compromisos políticos o con miras a expoliar los recursos públicos presupuestados a la educación.

En resumen, la educación en Veracruz vive una de las etapas más negras de su historia y los responsables siguen medrando de la misma.

En la próxima entrega veremos los resultados del desastre.

(Continuará).