Del muro de Juan José Llanes Gil del Ángel

Con el garlito infumable de que la prioridad es evitar que López Obrador saque de la cárcel a capos (que para creerlo, en esos términos, hay que tener una sola neurona e intoxicada por Televisa) el candidato del PAN confirma el flirteo de su nuevo tutor, Jorge Castañeda: están dispuestos a aliarse al PRI, aquel partido que prometió Anaya a sus fans “sacar” del poder.

Al margen de las viabilidades de una alianza convenenciera (¿quién sería el candidato? ¿el que está acusado de lavado en Europa o el desabrido Meade?), confirma Anaya que su discurso es inconsistente: cuando prometió (antes de ver las encuestas) que el PRI ya se iba porque era “un PRI corrupto”, no pensó en el costo de generalizar: habló de un PRI corrupto (completito) que no de algunos priistas en particular, y se llevó entre las patas del caballo al hombre con el que ahora se quiere aliar: José Antonio Meade. 

Trasluce, simplemente, lo que ya se sabe, (ante lo cual los panistas guardan silencio): se parecen más de lo que admiten PAN y PRI. 

El propósito no es tanto dejar a López Obrador en la banca (otra vez): la meta es no dejar el Poder y seguir gobernando juntos, como lo han hecho desde el salinato. 

Así pues, la “alianza” PAN-PRI parece una salida casi natural, sin el inconveniente de parecer un alebrije como el que engendraron con el PRD.

La pregunta no es ya si irán juntos (son capaces). La pregunta es si les irá a alcanzar…