De norte a sur de la entidad quienes forman parte del amasijo político en la entidad veracruzana son fácilmente ubicables por la ciudadanía porque de una u otra manera han demostrado su maleabilidad ausente de interés social porque solo buscan medrar en el presupuesto público, sin importar siglas políticas, mucho menos vocación de servicio, sus nombres son de dominio público: en Pánuco, los García Guzmán empezaron como priistas, se fueron al PAN, volvieron al PRI y regresan al albiazul, son vulgares veletas que cambian de careta a conveniencia. En Martínez de la Torre, Eduardo Sánchez Macías, fue priista por conveniencia, ídem de Nueva Alianza y ahora “milita” en Movimiento Ciudadano. Esteban Acosta Lagunes, exalcalde de Banderilla por el partido Alternativa Veracruzana, ahora se viste de panista. Renato Tronco, de Las Choapas es alternativo contumaz pues transita del PRI al PAN con singular facilidad, su nombre está ligado a trágicos episodios, fue desaforado y legalmente absuelto de culpa. Son solo algunos casos de “políticos” que social y políticamente representan al México que deseamos cambiar, pero que persisten en la nómina pública debido a complicidades desde el poder que recuerdan aquella afamada frase del submundo delincuencial: “coopelas o cuello”.