Por: David Quitano
7 de abril de 2018

“No es que no vean la solución. Es que no pueden ver el problema.”

— G. K. Chesterton

El entorno económico, social y político de México se halla putrefacto, huele mal y se escucha peor. La oquedad sobre la que gravita la elección del 2018 y la renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) parecen un cardumen destinado al colapso.

México está en peligro. Hoy, la soberanía de la nación, la libertad y la justicia se ven seriamente amenazadas, incluso en riesgo de desaparecer. De esa envergadura es el trance por el que atraviesa el país.

Esa realidad ha traído como consecuencias un derrotero basado en el nutrido repertorio de privaciones y calamidades que están a la vista, la democracia disminuida ante la falta de grandes cuadro políticos y el creciente descrédito de la política.

Hoy, más que nunca, la salud del Estado, no depende de la unanimidad monocromática sino del pluralismo que afirma la diversidad, y de la tolerancia que respeta los valores ajenos; condición deficitaria en el acontecer diario.

Aquí cabe Bielsa -al decir-, no hay que justificar ni satanizar. Hay que tomar conciencia de poner en marcha un cambio. Hay que tener autocrítica para mejorar.

En el entendido que la alineación macroeconómica, es importante, mas no suficiente para dar respuesta a las problemáticas reales, como son la seguridad pública, la brecha de pobreza y los esquemas que se agudizan sobre el mar de la desinformación.

Es cierto que los estertores de la palabra “desarrollo” parece tocar algunas regiones, mientras que a otras solo les cabe abrazar la desesperanza.

Esto no es un problema menor, máxime cuando se ha vuelto un bastión para que la desesperación de la gente llegue a tal grado, que se aferra persistentemente a un clavo ardiendo, mismo que representa medidas de política económicas ancladas al pasado, cerradas y fatídicas.

Mis anteriores aseveraciones si bien son la percepción que tengo a partir de la documentación del comportamiento empírico, también es cierto que se han venido a fortalecer como consecuencia de un libro publicado por el Wilson Center Mexico Institute a cargo de Luis Rubio titulado “Un mundo de oportunidades”, el cual atiende a los fenómenos mas apremiantes de la vida pública local y global de nuestro país.

Al respecto, Rubio menciona que el riesgo de México reside en la contradicción inherente entre sus reformas económicas y la caducidad de sus estructuras políticas.

Nos dice, el país no cuenta con contrapesos efectivos a la residencia, lo que se ha convertido en una fuente permanente de incertidumbre, evidente en la discusión pública relativa a la sucesión presidencial de 2018: un gobierno enquistado y dormido casi garantiza el resultado que todos los mexicanos, y el propio presidente, encuentran repugnante.

Por otra parte la cartografía sobre la clave del éxito, como demuestran diversas naciones alrededor del mundo, reside en hacer efectivas las reformas que se han aprobado pero que, en buena medida, permanecen estancadas por la contradicción política que yace en su esencia.

El mismo Rubio señala que el mundo del gobierno y los políticos gira en torno a una lógica de auto-preservación. La sociedad vive en una lógica de sobrevivencia. El choque entre ambas racionalidades es inevitable y produce toda clase de disonancias.

Dichas disonancias, sumadas al esquema de la política exterior y la posibilidad de estancamiento a las políticas estructurales aprobadas en el sexenio, pueden dar un golpe de timón al país, que no necesariamente sean para generar prosperidad y avance en tiempos de cambio tecnológico y consumo sumamente dinámico.

Sin desterrar viejos vicios, no hay cambio. Sin embargo, los jóvenes debemos estar atentos, porque el futuro se construye hoy; pero cabe destacar que hay que estar atento, ya que nadie triunfa sino es congruente.

Suscribo.