Jaime Ríos Otero

La tónica del primer debate presidencial de este domingo fueron los ataques de los otros cuatro candidatos al abanderado del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, que consumieron intervenciones enteras de todos para criticar lo que consideraron inconsistencias en la carrera política, la transparencia y los logros de éste como jefe de gobierno del Distrito Federal.

Andrés Manuel, por su parte, mantuvo una postura moderada, sin acusar en exceso los embates y sólo participando en lo estrictamente necesario, así como soslayando clarificar lo que le demandaban sus rivales, y con un discurso mediano y de carácter general, que no profundizó en su programa de gobierno.

El que mejor papel hizo fue Ricardo Anaya, al demostrar ser el más enterado y exhibir en varios momentos diapositivas de cifras y datos duros sobre las aseveraciones que hacía, fuera para desmentir aspectos favorables a López Obrador o para sustentar sus consideraciones económicas. También es el que más profundizó en su plan de gobierno.

Francamente mediocre, José Antonio Meade desaprovechó la oportunidad de mostrar capacidad y talento, conocimiento sobre la realidad social, política y económica, además de haber expuesto un plan de gobierno sin brillo ni atractivo.

Jaime Rodríguez Calderón mostró dominio de la tribuna, buen uso de la voz y énfasis para dar fuerza a sus ideas, aunque esto no fue suficiente para resultar un candidato atractivo. Su alianza para atacar a López Obrador, lo que hizo con vehemencia, y el saldo negativo que trae derivado de sus trampas para lograr la candidatura, no lograron que pueda mejorar su posición.

Anecdóticamente, lo que se recordará es que propuso que a los ladrones se les deben cortar las manos.

Margarita Zavala mantuvo un discurso estructurado pero también sin atractivo, y no supo demostrar que sería capaz de diferenciarse de su marido, Felipe Calderón, en un plan de gobierno propio. Cuando fue cuestionada sobre qué haría diferente, no supo contestar e intentó reivindicar lo femenino, pero con poca fortuna.

En cuanto a calidad, la mejor exposición fue la de Anaya. En cuanto a resultados, la ventaja sería de López Obrador, a quien los ataques despiadados y constantes de sus adversarios no lograron siquiera despeinar.

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