El problema ahora conocido como “Huachicolero” se dejó crecer e indudablemente en eso deben intervenir gente ligada a la empresa, propietarios de gasolineras y autoridades políticas, de otra manera no se explica su ya muy prolongada existencia. Los lugares de extracción, almacenamiento y venta clandestina son conocidos en cualquiera de las localidades donde se opera ese fenómeno, vecinos, alcaldes y policías municipales deben estar enterados, sin embargo la industria del huachicolero es suculentamente prospera. ¿A quien le venden lo robado? A vecinos del lugar y por supuesto a gasolineros, a quienes por cierto el SAT empezará a dar seguimiento. Resolver ese robo en despoblado sería fácil, es cuestión de voluntad de poder.