La Isla de Enmedio se ha hecho popular en redes sociales por la gran difusión que le han dado los prestadores de servicios turísticos sin embargo la mayor parte de los visitantes son gente de los alrededores del Puerto de Veracruz, Boca del Río y Alvarado que llegan los fines de semana para hacer fiestas, acampar y hacer día de campo por más de 4 o 5 horas, expuso Gaspar Monteagudo Hernández, coordinador de la asociación BOCALVERME.

“Aquí están luego paradas hasta 30 lanchas y yates, traen casas de campaña, sombrillas, asadores y empiezan a hacer la fiesta en grande, cosa que no debería de ser”.

Celebró que la Isla esté abierta al público para su visita, para que la admiren, la conozcan, caminen por sus playas; pero que posteriormente se retiren al terminar el recorrido no que se queden por más de 6 o 7 horas haciendo fiesta con excesos de alcohol y de comida. Al final de cuentas la huella humana que dejan los visitantes en la isla es muy grande.

Como es el hábitat natural de las tortugas que llegan a desovar, entierran sus nidos debajo de la arena entonces no se ven y puede fácilmente pisarlo un visitante y romperlos, explicó.

También abundan los cangrejos que hacen cuevas en la arena. “No sabes que hay abajo, estamos matando la fauna”, denunció.

Los visitantes deben tener ciertas precauciones porque están rodeados de vida que pueden afectar como tortugas, cangrejos, arrecifes de coral, vida marina, entre otras especies algunas en peligro de extinción como la tortuga.

Desde el momento que empiezan a llegar las embarcaciones en exceso sin ninguna revisión se contamina con la gasolina, los aceites, la gran cantidad de gente causa un grave deterioro que está sufriendo la isla, sostuvo el entrevistado.

Necesario tener guardaparques

La sugerencia para el Parque Arrecifal Veracruzano que propone Gaspar Monteagudo es que si va a seguir abierta la isla que cuente con un muelle exclusivo donde existan guardaparques que le den la bienvenida a los visitantes y les expliquen punto por punto lo que pueden o no hacer en la zona protegida.

“Disminuir el ingreso de visitantes, y revisar y regular a los prestadores de servicios para que no traigan tantas cosas indebidas, no pueden extraer coral, ni nada, es delito federal”.

Por el momento solo está el farero que hace su trabajo a su manera, advirtiéndole a la gente que no tire basura, que se la lleve, pero no anda atrás de ellos. Debe existir un mayor control a la hora de ingresar a la isla, insistió.

Contaminación

Otra problemática es que no existen las condiciones para que la gente después de tantas horas que permanecen en el lugar realicen sus necesidades fisiológicas.

Únicamente existe un baño que es del farero conectado a una fosa séptica que está en medio del arrecife y que tiene filtraciones de agua, no tiene la capacidad para todos los demás, es solo para él.

“Con todo respeto porque que tiene ya 20 años de cuidar la isla pero ya también tiene un negocio, entras al baño y te cobra, vienes y hasta te venden la comida, te prestan el asador, es un negocio que no debería de ser, se debería prohibir”, enfatizó.

La propuesta es que si el Parque Arrecifal Veracruzano no tiene para pagar a los guardaparques de planta, las mismas personas que quieren visitarlo paguen 100 por ejemplo, no solo 35 pesos para que de ahí mismo saquen sus honorarios. Otra opción es hacer un convenio con APIVER que ya se ha hecho antes en coordinación con Profepa.

Los guardaparques serían los encargados de dar las instrucciones necesarias de lo que pueden o no hacer, además de tomarles el tiempo para que no se queden tanto rato, no exceder un máximo de 50 personas a la vez para que sigan el recorrido, se tomen fotos, naden en el área determinada y se retiren.

Resaltó que el encargado de regular que no se siga cometiendo estos excesos es la Procuraduría de Protección del Medio Ambiente para que no vuelva a suceder lo que ocurrió con la Isla de Sacrificios hace algunos años.

“Tienen que hacer conciencia que no haya excesos porque al rato nos va a pasar como la isla de sacrificios nos la van a cerrar y no vamos a disfrutar de ella”.

‘No podemos controlar a la gente, no hacen caso’  

Para llegar a la Isla de Enmedio se necesita abordar una lancha en la playa de Antón Lizardo, allí desde las 8 de la mañana unas 15 embarcaciones enfiladas en la orilla están listas para prestar el servicio.

Como la playa está dividida por una escollera, las lanchas del lado derecho, según un lanchero, no cuentan con los permisos para realizar estos viajes, al igual que las que están en playa Mata de Uva, donde también se puede salir para conocer la isla.

La tarifa oscila en alrededor de unos mil 500 pesos por el traslado, dejando a los pasajeros recorriendo la isla de unas 3 a 6 horas, dependiendo de cada prestador de servicio.

Sin embargo a tráves de Facebook se anuncia la renta de distintos servicios de yates, esto para fiestas, excursiones, despedidas de solteros, etcétera, cuyos servicios cuestan hasta 9 mil pesos por 4 o 5 horas.

Una vez que arranca la lancha hay que estar muy prevenidos ya que agarra velocidad rompiendo las olas, y si no es muy diestro puede caerse o con el mismo brincoteo de la marea revotar en el suelo. Hay que agarrarse de donde se pueda y no olvidar colocarse el chaleco salvavidas.

El lanchero que nos ofreció el servicio es un hombre mayor que dijo tener 15 años de experiencia y que cada embarcación tiene capacidad para 10 personas.

Colillas de cigarros

Cuando desembarcamos en la isla encontramos a una familia que disfrutaba de sus alimentos cerca de un árbol. Aparentemente se veía limpia la arena aunque sí había rastros de varias colillas de cigarros de gente que no respetó el área protegida.

La marea sube arrastrando toda la basura hacia el fondo del mar por lo cual se ve limpia la zona.

El farero nos lo confirmó cuando le preguntamos si limpiaba, señalando que así como estaba es obra de la naturaleza.

“Esto es lo que trae la naturaleza, luego hay campañas que hacen los del Parque Arrecifal”.

El cuidador del faro desde hace más de 20 años explica que no contaminan los turistas porque se llevan su basura; mantuvo esa postura hasta que le hicimos notar las colillas de cigarros.

“Bueno, no les vas a prohibir que fumen pues no puedes controlar a toda la gente, no nos hacen caso aunque les digas que no las tiren”, dijo.

Avanzamos hacia el muelle que se está cayendo, en todo momento nos acompañó el farero, interrogándonos a qué nos dedicábamos. No quiso dar entrevista oficial refiriendo que no se lo permitía la Secretaría de Marina, que es la encargada de todos los puertos de la región. Desmintió que se vendan alimentos en el lugar, dijo que los visitantes tienen que traer sus propias cosas, que no se les permite tomar alcohol pero seguramente lo hacen a escondidas.

Huellas de destrucción

Recorrimos la isla buscando las tortugas, nos indicó que se encontraban del otro lado escondiéndose muy cerca del corral. Descubrimos un nido de tortugas que estaba señalizado con un enrejado para que la gente no lo pisara. A pesar de la advertencia había huellas de personas que caminaron sobre el nido.

Descubrimos rastros de fogatas, pedazos de leña quemada, botes, corcholatas, popotes, bolsas; pasó un cangrejito con un pedazo de unicel lo que nos causó extrañeza pero lo recolecta para su nido y es altamente contaminante.

Junto a la casa del farero se ubica el famoso asador que se volvió famoso en redes sociales, el cual se los prestó a los visitantes para cocinar ese día, también reconoció que les “presta” el baño a los turistas.

Por su parte el lanchero manifestó que la isla se mantiene limpia porque ellos mismos implementaron un día específico para recoger toda la basura, cada 15 días empaquetándola.

“Todo recogemos hasta donde está la boya, tanto limpiamos aquí como el área turística”.

El prestador de servicios defendió su causa diciendo que lo que pasó con la Isla de Sacrificios al cerrarla fue porque la saquearon mucho, se llevaban las conchas y las piedritas bonitas.

Negó que se lleven algo de la Isla de Enmedio ya que no se los permiten pero no hay ninguna autoridad que revise ni antes ni después de ingresar al lugar.

De regreso a Antón Lizardo vislumbramos que efectivamente falta vigilancia que regule a los visitantes para evitar dañar el ecosistema, así como contaminar la isla que aún se encuentra en buenas condiciones pero si no se toma medidas desde ahora la mancha humana puede rebasar a la naturaleza.