La “aparición” mediática del francesito que trabaja como espía del Vaticano en México, o sea, el tal Nuncio papal que se hace llamar Franco Coppola, quien declaró que la violencia es ya insoportable e inaceptable…

Cabría revirarle preguntándole, por qué su todo poderoso dios y su sagrada madre no hacen nada para componer las cosas; sobre todo cuando ya ha habido políticos que violando el Estado Laico les han encomendado la seguridad de los Estados y Municipios que han gobernado…

Sin soslayar que “La Morenita del Tepeyac”, en aras de no sé qué, pero fue nombrada “Patrona de México”.  Pero eso y nada son dos nadas.  Nada hace por sus devotos ahijados.  Es más, cada vez estamos peor…

También se le podría preguntar al espía del Vaticano, para qué sirven sus misas, oraciones, procesiones, jaculatorias y bendiciones -que ahora todo mundo manda, ¡como si sirvieran de algo!- si todo, como arriba se cita, está cada vez peor…

Y además, que hacen con los diezmos que todavía algunos incautos les pagan para que intercedan por ellos.  Porque es evidente que en nada ayudan.  Aunque también si no le parece cómo estamos, pues que pida su cambio y que se vaya a otro lado, aquí ni falta hace…

 O será que en el fondo nada de lo que cuentan es cierto; y que sus ídolos solo son eso: muñecos que les han servido para vivir como príncipes parásitos engañando a la gente con sus perversas fantasías de milagros, infiernos y cielos que nunca nadie ha visto…

Pero ante la indolencia de nuestros corruptos y medrosos gobernantes -que frecuentando “adivinas” creen también en el perdón de los pecados- por eso nadie se atreve a ponerles un alto.  Por lo que andan desatados haciendo proselitismo en los púlpitos y hasta en las calles…

 Pero eso no es lo peor.  Lo peor es que los “periodistas” tampoco se atreven a cuestionarlos y les dan espacio en los medios.  Olvidando las atrocidades que han hecho a través de la Historia…

Y las que continúan haciendo, siempre en nombre de su patético dios crucificado al que ponen por delante para cometer lo mismo genocidios, que para justificar sus pervertidos actos de pederastia…

Personajes como Marcial Maciel, el fundador de Los Legionarios de Cri$to, quien fue capaz de engañar a medio mundo -más bien como que cerraban los ojos a cambio de dinero- y violar hasta sus propios hijos 

Norberto Rivera Carrera, tan escoria y vergüenza humana como los pederastas a los que siempre protegió; y cuyo nombre causa repulsión donde quiera que se mencione…

Onésimo Cepeda, vicioso, ladrón a gran escala, que utilizaba la sotana para mezclarse lo mismo con políticos, oligarcas y capos.  Individuo misógino del que mucho podrían hablar las mujeres con las que se acostó…

Y a las que al contrario de Trump, no les pagaba.  Endosaba las facturas a la otra vida: “Que Dios te lo pague”…

Guillermo Shulenburg, quien ocupó el lucrativo cargo de Abad de la Basílica de Guadalupe por más de 30 años, hasta que fue destituido por el papa polaco, quien puso a su gente de confianza; pero ya Shulenburg era conocido por ser uno de los hombres más ricos de México…

Por cierto que cuando tuvo que irse del cargo declaró que Juan Diego, La Virgen de Guadalupe y todo lo demás, era una farsa; que nunca habían existido…

Innecesario comentar de la $agrada Inqui$ición, cuando las torturas que infligieron a gente inocente harían palidecer de horror al mismísimo Vlad III Draculea (1431 – 1476) príncipe de Valaquia, hoy Rumania –más conocido como Vlad el empalador, que dio vida a la novela del  Conde Drácula, escrita por Bram Stoker (1847 – 1912)

Pero; ¡nada!  La gente está tan adoctrinada con las religiones que no se atreven a ver la realidad; o no la aceptan por temor a quedarse sin asidera y a quién responsabilizar de todo lo que sucede; en vez de responsabilizarse ellos mismos de sus actos…

 De la misma fanatizada forma como lo están sus partidarios con los Partidos Políticos y sus ínclitos candidatos; a quienes defienden con tanto apasionamiento, que todos dicen que “su” candidato ganó el show ese al que llamaron “debate”…

Tan ciegos como los Testigos de Jehová -o cualesquiera otros- que no ven más allá de sus narices; haciendo válido aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.  Cuando claramente nos lo han dicho: “Ni los veo ni los oigo”. 

Y nos vemos mañana, si el Sol me presta vida.

Julio Ricardo Blanchet Cruz

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