Para atreverse a promocionar descaradamente a su delfín en un abierto desafío a las prohibiciones electorales, debe estarse, o muy desesperado porque su proyecto político no camina óptimamente, o muy seguro de que en el agua revuelta de la política se puede todo, sin temor de recibir sanción alguna ni afectar en la contienda a su heredero. En lo que pretende ser una inocente promoción de las bellezas naturales del Estado, el mandatario se fue a las dunas de Chachalacas y, para mostrar que el ambiente es propicio para disfrutar con los seres queridos, se llevó a su familia, dentro la que se incluye, por supuesto, su hijo mayor Miguel Ángel Yunes Márquez, coincidentemente candidato de una coalición a la gubernatura de la Entidad. Acaso haga falta que los criterios jurisprudenciales precisen si estar con la familia mientras se es titular de un gobierno, no afecta hacer público que realizaste una actividad recreativa con un candidato electoral porque es tu hijo, aunque lo hayas promocionado por los medios oficiales de los que dispones. O quizá sólo haga falta que el Órgano Público Local Electoral no esté sometido al gobernador y por lo pronto se atreva aunque sea a amonestarlo.