Veracruz- 2018-05-0809:02:00- HeladioCastro/ Quizás por el abandono familiar en que se encuentran aunado a los malestares propios de su edad, pero en los últimos meses se ha ido para siempre al menos una decena de personas de la tercera edad en el Asilo COGRA.

La directora de esa casa ubicada en la calle Cultura esquina Murillo en la colonia Hidalgo, María Teresa de Mendoza Infanzón informó que la soledad es una carga muy pesada de llevar por los ancianos y los hace más vulnerables a cualquier malestar físico.

Esa casa inició funciones hace poco más de 23 años como Comedor Gratuito al cual las personas menesterosas acudían a comer en la calle Cortés entre Guerrero y Allende, en el centro de la ciudad.

Después se mudó brevemente a Cuauhtémoc y poco a poco empezó a darles posada a los ancianos, pues por su edad eran menos resistentes a las enfermedades, a la lluvia y al frío invernal.

Actualmente ya lleva varios años en la colonia Hidalgo y su población asciende a unas 60 personas entre hombres y mujeres.

El principal problema es el descuido de los familiares. Se les hace fácil abandonar a los abuelos en la banqueta del asilo, como muebles inservibles; rara vez los visitan o les llevan un medicamento, pero la mayoría nunca vuelve ni llama por teléfono para preguntar cómo están o si necesitan algo, afirmó.

Olvidados

La peor parte es cuando los ancianos terminan sus días sin que sus familiares se enteren, cosa que lleva años ocurriendo en el COGRA.

“Ya tenía años que no nos pasaba: siempre decimos nosotros que enero y febrero es ‘desviejadero’, pero ahorita fue marzo y abril, que fallecieron 10, entre hombres y mujeres, y la verdad, sí nos puede porque cada uno de ellos vivía aquí y estuvo algo de tiempo aquí. Una de las que más tiempo tuvo, fueron 7 años, porque el familiar la abandonó”.

-¿El abandono es el denominador común de quienes están aquí, no se vienen por gusto?

“Exacto. Muchas familias los traen porque tienen que trabajar, tienen cosas que desempeñar. Vienen, los dejan; muchos de ellos sí se hacen cargo, pero la mayoría los abandona, desgraciadamente por no poder caminar, por no poder desarrollar algo como un trabajo”, lamentó Mendoza de Infanzón.

Resaltó que cada abuelo del asilo representa un compromiso de vida y cada uno merece respeto, pero lamentó que esa cultura no se haya arraigado entre muchas familias, sobre todo entre los jóvenes.

Consideró deplorable que muchas familias consideren a sus ancianos como un estorbo, sobre todo si están enfermos, porque no están dispuestos a atenderlos, asearlos, alimentarlos ni a estar pendientes de darles sus medicinas.