Dialogando

PorAbel Domínguez Camacho

En el segundo debate presidencial todos vimos y escuchamos lo mismo y sin embargo, en lo que han dado en llamar el posdebate, cada candidato, seguidor-defensor y varios opinadores, se manifestaron con expresiones contrarias a lo que allí sucedió. Diferentes medios organizaron un espectáculo posterior al debate, con coordinadores de campaña algunos, con asesores y representantes otros. Esos programas dieron más luz sobre las ideas y propuestas respecto a los temas del circo previo: comercio exterior, inversión y migración. Más allá de ello, lo destacable es que todos insistieron en que su candidato había ganado.

En la entrega anterior anticipaba que las expectativas en el debate estaban a la baja, algo difícil de comprobar-al parecer la audiencia bajó dos tercio respecto al primer debate- sin embargo, éste resultó un fiasco; descontando el protagonismo de los moderadores, los candidatos desaprovecharon un formato fresco, novedoso e incluyente, mi conclusión es que el debate fue un desperdicio de tiempo y de recursos. Los candidatos no se comportaron a la altura de quién pretende gobernar un país como México, ese es un asunto que la sociedad debe reflexionar, un asunto que los votantes debemos pensar con seriedad, esa seriedad que le está faltando a los candidatos de marras.

Me voy a referir al candidato del partido político movimiento de regeneración nacional, por la simple razón de ser el puntero en “todas” la encuestas que aluden a la preferencia electoral; por ser el candidato que ya se asume como presidente de la república y, porque es el que menos compostura guarda, cuando se defiende y cuando está solo sin que lo agredan.

Hasta donde entiendo, en reunión con empresarios éstos no lo estaban agrediendo y fue capaz de salir con la ocurrencia de llamarles cajamanes; a lo largo de su campaña, por más de 13 años al menos, también ha insultado a los empresarios llamándoles parte de la mafia del poder y, olvida que los necesita para echar a andar su “política interna” vs política exterior, deberá tratar con los mismo o ¿piensa cambiar la estructura económica?;  pierde la compostura con relativa facilidad haciendo gala de una intolerancia al 120%, que se hace evidente con tan sólo disentir con él, en automático te descalifica y te echa encima al tigre.

Volviendo al reciente debate, solamente le faltó mandarnos a leer el Pejenomics, y se remitió, como en el primero, a repetir frases hechas que ya venimos escuchando en los spots; parece que tiene dificultades para hilar oraciones y darle continuidad a ciertas ideas, digo parece, la otra puede ser que sus asesores se lo indiquen como estrategia, muy mala estrategia. Lo peor, desde mi punto de vista, es la forma tan grotesca y soez con la que, según él, se defendió de los ataques, ya esperados de los otros candidatos, ¿acaso esperaba que atacaran a Margarita? Pues no, eres puntero y eso presumes, pues asume con madurez que irán por ti.

Un aspirante a la presidencia que se olvidó que se estaba dirigiendo al pueblo mexicano, o tal vez supuso que muchos estaban mirando la serie de Luimi y otro tanto estaba festejando el campeonato de futbol con Santos, lo que si es cierto es que no guardó las formas, propias de una persona que aspira a dirigir un país como México. Ante la imposibilidad de argumentar, espetó Riqui, Riquín, Canallín…lo demás fue chunga, como expresar que tenía que cuidar su cartera ante la cercanía de uno de los candidatos y, que decir, de la manera por demás soez de su respuesta cuando alude a su salud, eso solamente en el barrio, con perdón del barrio.

Me hubiera gustado opinar sobre las propuestas, lamentablemente se las comió antes de llegar al circo, perdón, al debate. Vimos un candidato puntero, ya cansado que no enfermo, él ya expuso de manera muy gráfica porqué cree que no está enfermo. Vimos un candidato con pánico escénico, me recordó a los carros alegóricos del carnaval, dónde las princesas y príncipes van cogidos de alguna base firme durante el desfile, el candidato no se despegó de su lugar, desaprovechando el escenario y el formato. Vimos un candidato distraído y ansioso porque el evento terminara.

Hasta el momento en que esto escribo, no he tenido la oportunidad de checar las encuestas de preferencias electorales posdebate, así que habrá tiempo para constatar si dicho evento cambió el escenario y a favor de quién. Es muy difícil modelar lo que puede pasar en los días restantes para las elecciones, lo que si es posible especular es un cierre muy apretado, en donde la máquina del fango tomará un papel estelar y que, definitivamente el escenario va a cambiar. La sociedad tendrá pocos elemento para formarse un criterio y votar, salvo el ya conocido cansancio por la corrupción y la impunidad. Salir a votar es lo único que nos queda,

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