A CONTRACORRIENTE
Manuel del Ángel Rocha

El actual proceso electoral se ha polarizado, al grado que el reduccionismo identifica únicamente dos conceptos en la lucha para obtener la presidencia de México, y  Ricardo Anaya, candidato del PAN-PRD-MC,  lo vio al inicio de su campaña,  como cambio o  continuidad.  Andrés Manuel López Obrador, perseverante luchador social y candidato de MORENA,  ha sido categórico al señalar que, efectivamente el sistema político actual necesita un  cambio total, pero con honestidad, transparencia, y contra la corrupción y la impunidad.  Anaya matizó el día 27 de abril, en un evento del Citibank, y a pregunta del  conductor y analista Leonardo Curzio, sobre la posibilidad de hacer un pacto con el presidente Enrique Peña Nieto, y evitar que AMLO llegue a la presidencia de México, lo que aceptó. Incongruencia total de quién se había declarado furibundo enemigo del presidente y del sistema, y como una opción de cambio. Hoy sigue soñando con la idea de ser presidente en alianza con el PRI y Peña Nieto.

No olvidemos que son  las mismas banderas de cambio que esgrimió Fox y Calderón, y acabaron siendo parte de un sistema  descompuesto  y despótico al que habían atacado mediáticamente, pero solo para llegar al poder.  La coyuntura histórica de que ocurra un cambio con un  enfoque político  diferente en la presidencia del país, lo mueven  los ideales  de un mundo más equitativo. Es la aspiración primigenia  de los sueños de igualdad, libertad, fraternidad y justicia (la Revolución Francesa), pero enfrente, ante nuestras narices,  existe la tierra de la confrontación, de la visión mezquina de la política real (Maquiavelo), que está hecha de un mundo de  intereses,  muy  lejana a las aspiraciones de millones de personas.  Esa necesidad  social de aspirar a un gobierno legítimo,  creíble, producto de un gran consenso, y  arraigando en lo más profundo de la gente. De un pueblo  donde sus necesidades primarias    han sido resueltas, no solo en cuanto a servicios básicos, sino también a sus aspiraciones democráticas.

Pero año tras año  la existencia de promesas  incumplidas, de una desigualdad creciente, de ver como el ingreso no alcanza, el abrumado ciudadano no tiene forma de encontrar sosiego, porque solo   pendientes y  carencias hay en su derredor. En  este sentido los de enfrente, con  la obstinación de un mundo bonito, atrevido, alcanzable para gente bonita, con autos y casas de descanso y playa, no cejan de sembrar en el inconsciente social, una  aspiracional  clase media, que aunque legitima,  la instauración desde   hace 30 años  de un modelo de desarrollo económico arbitrario y colonial,   ha sentenciado al empobrecimiento a millones de mexicanos, (4 más en este sexenio, aunque CONEVAL e INEGI hallan maquillado los indicadores).  Estos nacionales expulsados de sus comunidades,  y migrantes en éxodo permanente, siguen buscado un poco de sombra y agua donde guarecer su desgracia. Y peregrinos también, ante una  brutal  inseguridad  que ronda en una guerra de exterminio, ante la ausencia de  Estado que salvaguarde  el mínimo de garantías a su desamparada existencia.

 Mientras,  la insensible aristocracia disfruta de viajes y excesos, muy por encima de la urgente realidad  de protección y seguridad de los sacrificables mortales que han nacido para ser carne de la delincuencia. Entorno  en que los gobiernos neoliberales han convertido a este segmento poblacional, llamado jóvenes,  abandonados, y con  una realidad calamitosa,  que desempleados ha servido para engrosar la criminalidad, pero también  de escalón, para que los políticos PRIANistas  sigan peleando  iracundamente por mantenerse en el poder, utilizando a las instituciones públicas, en colusión con los poderes facticos.  Hoy es  través de una inmoral guerra sucia, en contra del candidato  de MORENA,  porque representa  un proyecto político diferente al  del PRI y  PAN.

Urge al actual modelo político un nuevo contrato social, que garantice a la población excluida otros estándares de vida y seguridad. El sistema político y el aparato productivo desarrollan  tácticas mediáticas de distracción, dando manutención y  reproduciendo una amplia masa  de  “optimistas”, y “conformistas” sociales,  que se han reducido notablemente,  y que hoy  están tocando la puerta de la libertad de conciencia, que se antoja un viaje  irreversible, para volver a su punto inicial.  Hoy el teorema de la revolución  pasiva, ha involucionado  de manera acelerada, enterrando el divisorio sectarismo que separaba a personajes con altura de miras, tras el objetivo del cambio del sistema político. En las redes sociales, en las organizaciones civiles, el ciudadano común,  hay un activismo abierto, donde el  debate sobre la vigencia de la continuidad de un   modelo de desarrollo, autor de mayor pobreza,  inseguridad,  desempleo,   mentiras,  sueños irrealizables, falsa felicidad, debe terminar. Mientras  AMLO, en lucha frontal contra la corrupción y la impunidad, propone un gobierno al lado del pueblo. Una opción opuesta al PRIAN. El cambio que necesitan los mexicanos, no es la continuidad de los dueños del capital, sus intereses mezquinos, y sus desclasados capataces.  La alternativa es clara, no más falsa conciencia, no más cambios frívolos.