Crónicas urgentes

Por Claudia Constantino

            Es fin de semana y lo obligado de la agenda son los debates de candidatos. El viernes toca el turno a los cuatro que se disputan la gubernatura del estado de Veracruz. Reconsidero sintonizarlo, porque la estación de radio jarocha XEU ya hizo el suyo, y no creo que el organizado por el INE sea distinto. Acierto, idénticos.

            El debate de “la u”, que sería ensayo para los candidatos, en realidad fue el debate en sí. Ahí vimos al hijo del gobernador replicar el discurso de su padre, tiene hasta el mismo timbre de voz, y en  su personalidad, toda, a cada instante vemos la cara de quién lo engendró. No podemos perder de vista el nepotismo.

            No hay en él argumentos más sólidos que:

  1. La conveniencia de la continuidad. Aunque haya claras muestras de que esa conveniencia es sólo para su familia y aliados.
  2. Las mismas promesas de castigar a los corruptos del pasado y hacerlo todo mejor que el PRI, aunque en el último año y medio no lo hayan conseguido todavía.

            Vimos también al puntero de las encuestas, Cuitláhuac García colgarse permanentemente de Andrés Manuel López Obrador, sus propuestas centrales:

  1. Acabar con los corruptos
  2. Ser parte de la transformación de México que su líder, asegura, llevará a cabo.

            No mostró ningún mérito propio más allá que de ser un profesor bien preparado, según dice. Aunque Veracruz no sea una escuela o una institución educativa, sino mucho más.

            En el caso del candidato del PRI-PV, vimos a Pepe Yunes perfilando la misma estrategia de su tocayo Meade, mostrar el currículum, recordar su experiencia, manejar datos, cifras y mediciones. Aunque más seguro que al arranque de su campaña, los electores no podemos olvidar las siglas de su partido, y todo lo que representa y ha representado para Veracruz en el pasado reciente.

            No participó de la riña entre Miguel Angel Yunes chico y Cuitláhuac García al que también July Sheridan le entró, demostrando con ello que la única mujer en la contienda, en realidad sólo está para intentar hacerle daño al candidato de MORENA. Imposible anticipar cómo, alguien con tan precario discurso, anodina presencia y poco impacto, podría lograrlo. Pero lo intenta. Parece que alguien se lo encargó.

            El debate del INE resultó más visto que el del a XEU, pero fue como una repetición del anterior. El desempeño de Beatriz Zavaleta impecable, como siempre. La periodista veracruzana es muy experimentada en estos ejercicios democráticos ciudadanos. De los moderadores del INE, ni hablar, solamente destaca que cobraron mucho más.

            Como elector indeciso, esperaba alguna señal que inclinara mi intención de voto por alguno de los dos que representan una opción. No ha sido así, hay que seguir atentamente las protestas de uno y otro en los días por venir.

            El caso del debate nacional no fue muy diferente, las preguntas de este nuevo capítulo resultaron mucho más difíciles de abordar por los cuatro candidatos. La pelea callejera protagonizada por un Ricardo Anaya, de quien llama la atención su sonrisa socarrona, desvió la atención de lo importante, que son las propuestas.

            Ninguna sorpresa, la ausencia de Margarita Zavala no se habría notado de no ser porque la moderadora la mencionó como por consigna en varias ocasiones. A Jaime Rodríguez “El Bronco” le sobró tiempo ¿Y cómo no? Esta vez, un Pepe Meade ocho kilos más delgado, pero no lo suficientemente inteligente como para deslindarse de Enrique Peña Nieto, insistió en elogiar a quien le debe su postulación. Al menos por estrategia, se esperaba que ambos entendieran que, o aparentaban un distanciamiento, o no habría mucho qué hacer.

            Hubiésemos esperado que en este segundo debate ya lo tuvieran claro, pero no, esa no es su plan, si es que tienen uno. Por su parte Andrés Manuel, no se salió del formato que lo ha colocado de puntero en las intenciones de voto. Más seguro que en el primer debate, más sereno y sonriente, no dijo mucho, pero sí fijó algunas posturas que le fueron criticadas, como su insistencia en no mirar hacia afuera y centrarse en una política interior como punto fundamental.

            A pesar de todos los ataques que de nueva cuenta recibió, salió mejor librado que del primer debate. Mejor colocado, sin salirse de su guión acostumbrado y hablándole sólo a sus seguidores. Para los indecisos tampoco hubo nada, ninguna señal. De los dos que realmente tienen oportunidad en la contienda no hubo ni un guiño a los indecisos, entre los que me anoto. Es oficial, el 1o de julio los mexicanos tendremos que decidir a quién queremos como próximo presidente de México sin que nos guste, sin estar de acuerdo con sus propuestas, sin confiar en él, sin convicción de su proyecto de nación, sin esperanza, y sin fe. Este es el verdadero debate, los otros, son circo.

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