Es un hecho incontrastable la fuerza adquirida por las organizaciones delincuenciales cuya actividad arrolladora ha puesto en jaque a las corporaciones policiacas y gobiernos de la federación mexicana. En Jalisco, en Tamaulipas, en la CDMX, en Veracruz, etc., la orden del día cotidiana incluye hechos de sangre, secuestros, asaltos carreteros y sabotajes a ferrosur, la empresa ferroviaria en servicio de México-Puebla-Veracruz, vía de enlace hacia el comercio global. El cobro de piso ya está instituido y va permeando hacia abajo en la escala comercial, haciendo un universo cada vez más bastante amplio de negocios sujetos a la extorsión sin oposición efectiva y eficiente de las autoridades del ramo.  Lo peor estriba en un escenario donde no se vislumbra, al menos en el corto plazo, una solución al problema debido entre otras causas a la coyuntura política en proceso.