Política para no iniciados
Por Jorge Flores
  

Vivimos en un México con un monstruo cruel y despiadado que nos tiene muy enojados por los miles de jóvenes muertos; por los gobernadores ladrones que vaciaron las arcas de sus estados de una forma inhumana; por los escándalos de corrupción un día sí y otro también; por Odebrecht y el silencio impune de las autoridades; por la violencia inclemente que nos atormenta con sus secuestros, levantones, extorsiones y descuartizados; por el cruel y despiadado maltrato a las mujeres; por el olvido histórico que han sido objeto los indígenas; por el descuido y negligencia con nuestros niños; por la insoportable desigualdad y pobreza en la que viven la mitad de nuestros hermanos; por décadas de políticas sociales completamente fallidas; por nuestra impotencia para cambiar el orden de nuestra realidad.

Es un monstruo del que nuestros políticos no quieren hablar, un monstruo que llena todos los mítines que realizan, que los sigue en todo momento, que cada día es más monstruoso y grande, que les impide estar cómodos, pero siguen en la necia actitud de negarlo.

Se refieren a él siempre, de forma indirecta y casi en murmullo inaudible porque no quieren que se despierte y mucho menos que se enoje con ellos.

Uno nos dice que él como secretario de Hacienda lo vio en alguna ocasión y se atrevió a llevar a unos gobernadores a la cárcel; no fue mucho, porque el monstruo no lo dejó hacer más. Otro nos dice que le ayudó a vender una nave industrial, era el comprador, no lo reconoció de momento, pero asegura que era el monstruo.

Otra nos dice que su marido luchó incansablemente contra él en una guerra, pero las baterías las apuntaba a los ciudadanos y no a los palacios de gobierno de los estados, donde el monstruo al parecer vivía y gobernaba a placer.

Otro nos dice que no, que él puede terminar con el monstruo, que solo se trata de hablar con él, proponerle amnistía y convertirlo en uno de los suyos. Lo que no sabe es que el monstruo no es partidista, no le interesa el perdón, ni el amor; el monstruo es solo eso y está dispuesto a devorar al que se le oponga.

Mientras los candidatos nos exponen lo que quieren hacer con el monstruo, los mexicanos lo vemos crecer y crecer, cada vez llenando y ocupando todo.

No se dan cuenta que el monstruo se alimenta de su silencio y de su complicidad, porque eso es lo que lo hace impune e invencible.

Otra cosa sería si Meade nos hablara del monstruo, nos platicara cómo es, cómo desvía miles de millones de pesos, cómo se alimenta y quiénes son sus fieles cuidadores; si Anaya en Power Point mostrara los tentáculos el monstruo con gráficas, cómo devora todo sin piedad, como somete a diputados con moches; si Margarita nos dijera los nexos que tiene el monstruo con la política y el narcotráfico; si López Obrador no se sintiera su domador, ya que el monstruo es indomable, él mismo ya lo vio cuando fue Jefe de Gobierno, y con ligas y portafolios de dinero el monstruo sometió a sus cercanos.

Pero ninguno quiere hablar del monstruo, creen que pueden gobernar con él, todos lo quieren en su partido, no se dan cuenta que a él no le interesa militar en ninguno, por la sencilla razón que todos los partidos ya son sus fieles militantes.

A menos de dos meses de la elección, muchos mexicanos tienen la esperanza de que López Obrador puede domar al monstruo con honestidad valiente y que el ejemplo puede someterlo. Pero no, a lo único que le teme el monstruo es a la Ley y solo se le puede someter exhibiendo y castigando sus redes de impunidad y complicidad, lo que, por cierto, ninguno está dispuesto a hacer.

Mientras tanto, el monstruo está ahí, insolente y cínico.

Jorge Flores Martínez

Jorgeflores1mx@nullme.com