Cuando se avecinaban las pasadas elecciones para Gobernador, el nombramiento de Lorena Martínez como Delegada Nacional del PRI, muchos (casi todos hombres) pusieron el grito en el cielo. Decían que las decisiones se debían tomar por priístas veracruzanos (todos hombres) porque una foránea no sería capaz de tomar decisiones. Finalmente llegaron las elecciones y, con un pronóstico aplastante, el PRI apenas pudo contener una derrota que pintaba más severa.

Ahora no hay excusa, el Presidente del PRI es el ex alcalde Américo Zúñiga quien, además de enfrentarse a un PAN y un MORENA fuertes, tiene que contener lo que muchos priístas de cepa, de la base, califican como la desmedida ambición del Senador Hector Yunes, quien se niega a soltar las riendas del poder al imponer a sus condicionales en la candidaturas. Pepe ni se nota.

Por si fuera poco, a menos de 60 días de los grandes comicios, el PRI anuncia un cambio de dirigencia nacional, lo que pone en evidencia la falta de cohesión necesaria que alguna vez distinguió, para bien o para mal, el trabajo del Revolucionario Institucional.