El reto de mejorar

Por CARLOS LUNA ESCUDERO

Una de las propuestas que más se esperan de los candidatos a la gubernatura en el actual proceso electoral de nuestro estado, es la que tiene que ver con la educación. Es decir, conocer la dirección de la política educativa que proponen para la próxima administración estatal.

Resulta indispensable conocer la manera en que conciben a la educación y cómo piensan articular su política sectorial para, entre otras cosas, abatir el rezago que en esta materia enfrentan hoy los veracruzanos; las acciones que piensan realizar para impulsar alternativas de mejora, así como para garantizar un mejor esquema de transparencia y que se privilegie una verdadera rendición de cuentas sobre el desempeño de las autoridades y los resultados del sistema educativo estatal.

Para contribuir a este propósito, apuntaremos algunas ideas concretas en el tema, desde nuestra modesta perspectiva.

Como lo apuntamos en el inicio de esta serie de artículos, toda persona tiene derecho a recibir una educación que le garantice las habilidades que le permitan desenvolverse en su tiempo y contexto, proveyéndole de los conocimientos básicos para prosperar en lo laboral y en lo personal.

Constitucionalmente no sólo se establece el carácter obligatorio, laico y gratuito de la educación básica y media superior impartida por el estado, sino también el enfoque de integración, calidad e inclusión que debe tener dicha educación.

Lo anterior implica necesariamente que el Estado debe asegurar que los recursos y métodos educativos -que se integran por la organización escolar, la infraestructura educativa y la capacidad de los docentes y directivos- estén articulados para asegurar el máximo logro de aprendizaje de los alumnos.

Como también ya lo hemos señalado en entregas anteriores, el rezago educativo ha llegado en Veracruz a niveles alarmantes: limitaciones en el acceso a la educación, deficiencias serias en la calidad y pertinencia de la enseñanza, cacicazgos sindicales, corrupción e impunidad, fueron sólo algunos de los problemas más relevantes que se documentaron en todos los niveles educativos.

Ahora toca preguntarse ¿Cómo mejorar la educación de una entidad con tan grandes rezagos? La gran mayoría de los pedagogos asegura que se necesita de cuando menos una generación para ver cambios. Sin embargo, hay ejemplos en el mundo que indican que es posible mejorar en plazos más cortos.

El Informe McKinsey (2012), recomendado por las pruebas de evaluación internacional PISA por su calidad comparativa en mejoras educativas, analiza las estrategias exitosas en este rubro. Este análisis permite responder a dos preguntas claves: ¿Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos? y ¿Cómo logran mantenerse en el máximo nivel en las tablas de evaluación?

El documento revela, entre otras cosas, que la inversión es sin duda importante, pero no decisiva, y que uno de los principales elementos del éxito es la formación, motivación y aprendizaje permanente de los profesores.

Nos dice, asimismo, que un sistema educativo puede mejorar de forma significativa independientemente del nivel en el que se empiece. Señala, incluso, que en sistemas educativos de nivel muy bajo, luego de tres años de una reestructuración, mejora sensiblemente el nivel de desempeño en Matemáticas, Lectura y Escritura.

De lo anterior se desprende que los niveles educativos mejoran más cuando los docentes cambian su forma de enseñar, en lugar de cambiar los contenidos de lo que enseñan.

Para ello será menester desarrollar las competencias de los docentes para enseñar y las competencias administrativas de los directivos; evaluar a los estudiantes; mejorar la información sobre el sistema; actualizar la normatividad educativa; revisar los contenidos curriculares; otorgar buenos salarios y estímulos a los docentes y directivos; y lograr autonomía y práctica colaborativa.

Todo ello, mediante una dirección central que planifique y establezca, para las escuelas y profesores, reglas claras para la práctica de la enseñanza. No obstante, la autoridad educativa debe impulsar el aumento de la responsabilidad y flexibilidad en escuelas y docentes, para que moldeen las prácticas de la enseñanza a través de métodos didácticos innovadores y con el apoyo de las nuevas tecnologías.

En los sistemas educativos exitosos se establecen planes de carrera para los maestros, donde los más capacitados apoyan a los más jóvenes, primero dentro de la escuela y luego en todo el sistema. Fomentan, asimismo, prácticas de colaboración entre profesores, observan clases y planifican juntos. Esta práctica es el principal mecanismo para mejorar la enseñanza y hacer que los profesores rindan cuentas unos a otros.

Así también, dada la situación de rezago en que se encuentra la educación en nuestra entidad, es prioritario iniciar y reforzar algunas acciones inmediatas.

En el capítulo siguiente desarrollaremos con mayor énfasis la propuesta de algunos programas para la educación básica, como la de continuar incrementando la cobertura de la preprimaria (con cobertura actual del 69%) y fortalecer la atención de la primera infancia. Empezar más temprano previene el fracaso escolar y genera mayores capacidades para el aprendizaje futuro.

En los niveles estatal y nacional se inició recientemente el programa de Escuelas de Tiempo Completo. Falta avanzar más decididamente y cuadriplicar cuando menos el número existente en la próxima administración estatal, contemplando las siguientes condiciones:

Destinar presupuesto suficiente para cubrir los cargos por desempeño docente; implementar el programa en todo el nivel primario; incorporar a las escuelas más desfavorecidas; instrumentar la jornada completa en los contextos más críticos; y establecer definiciones curriculares obligatorias y otras optativas para las horas suplementarias.

Uno de los renglones que merece especial atención es la transformación de la educación secundaria, donde además de incrementar su cobertura y facilitar su acceso, el desafío más complejo es lograr que los alumnos quieran y necesiten ir a la escuela. (Veracruz tiene una escolaridad promedio de 8.2 años, es decir, hasta segundo de secundaria).

Para lograr lo anterior será clave designar a los docentes por cargo y no por hora-clase, para que tengan tiempo de reunirse, planificar y atender a los alumnos; fortalecer la enseñanza en las áreas prioritarias del conocimiento, desde las distintas materias; modificar el régimen académico con materias de acreditación anual y otras de acreditación más flexible y mejorar la formación de competencias laborales.

Es necesario, asimismo, reformular y usar estratégicamente un sistema estatal de información y evaluación educativa, disponiendo de información integral digitalizada.

Es muy importante contar con indicadores actualizados y comparables sobre el aprendizaje y la trayectoria de los alumnos (reprobación, abandono, eficiencia terminal, etcétera).

Finalmente, la UNESCO realizó una serie de recomendaciones para combatir los problemas de las escuelas y mejorar la calidad de la educación en Latinoamérica y el Caribe, que se sustentan y agrupan en 6 puntos

  1. Reemplazo del mecanismo de repetición
  2. Expansión de la educación preescolar para niñas y niños de 4 a 6 años
  3. Diseñar y probar programas de apoyo académico en disciplinas específicas para estudiantes rezagados
  4. Políticas y prácticas para la equidad en el aprendizaje entre niñas y niños
  5. Políticas y prácticas que permitan la paridad de aprendizaje entre estudiantes indígenas y no indígenas y
  6. Medidas para paliar la asociación de desigualdades socioeconómicas en el logro académico

Es urgente empezar a tomar decisiones para reestructurar el sistema educativo en Veracruz. Por la crisis generalizada en que se debate y el cambio de administración estatal que ocurrirá este año, es la oportunidad para hacerlo.

El compromiso real del nuevo gobernante es fundamental no sólo para iniciar esta reestructuración, sino para sostenerla. El período de inicio y consolidación para el mejoramiento en la calidad educativa, dice la UNESCO, se estima en un promedio de seis años.

Ese es el reto, mejorar la educación en Veracruz. Para ello se requiere, además de voluntad política, compromiso social. Nuestro Estado no está ya para más directivos sin perfil llegados a los cargos por compromisos políticos o cuestiones personales, ni para improvisaciones, ni para ocurrencias o frivolidades, ni para corrupción en el uso de los recursos públicos, ni mucho menos para cacicazgos sindicales.