La forma más sencilla de conceptualizar a los mega tiburones de la industria nacional que han emprendido campañas para desalentar el voto favorable a Andrés Manuel López Obrador, es de que son insensibles. Uno de ellos, Sergio Argüelles González, dueño de un consorcio llamado Finsa, asegura que México tiene hoy los niveles de pobreza y desempleo más bajos.

Eso, francamente requiere una refrescada nacional para Sergio, muy oportuna para el calor.

México se debate, no entre la pobreza, sino entre la miseria, la desesperanza, la violencia criminal y la ira precisamente porque la situación económica ha empeorado en el sexenio que el señor Argüelles intenta defender.

Tanto el presidente de Finsa (inmobiliaria), como los de Kimberly Clark (productos higiénicos), Femsa (Coca-Cola), Grupo México (minero, ferroviario y carretero) han hecho llamados a sus miles de trabajadores para que “razonen su voto”, pero al mismo tiempo se han pronunciado contra el populismo, en clara alusión al candidato de Morena.

Lo malo es que para el INE estos mensajes no son coacción al voto, como efectivamente lo son, sino derecho de los empresarios a la libertad de expresión.

Si públicamente son capaces de emitir esta clase de pronunciamientos, internamente deben tener en sus empresas fuertes campañas para forzar a sus trabajadores a someterse a sus dictados electorales.

El INE debería asumir con mayor seriedad y ética su compromiso de garantizar que la contienda se realice de manera natural y equitativa para que cada quien vote efectivamente de acuerdo a su conciencia.