Yo creo que el mejor medio de hacer bien a los pobres no es

darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla

Benjamin Franklin

El desafiante itinerario bajo el que gravita la dinámica electoral, vino a osificar la polarización con respecto al debate sobre futuro de la nación; el déficit de propuestas, es evidente, sin embargo sostengo la posición en la cual no es que no haya voluntad de exponerlas ante la sociedad, es que no son redituables electoralmente, como sí lo son las descalificaciones o la recolección del encono.

En tiempos de profunda ansiedad por el consumo tecnológico, del aumento de la brecha de desigualdad, la reconfiguración de las clases sociales y la transformación convencional de la democracia, aparece en el contexto mexicano, la Antipolítica, misma que se define como la actitud de aquellos que se oponen a la política, juzgándola como práctica del poder y, por lo tanto calificando a los partidos políticos y los políticos tradicionales como sus detentadores, los cuales, en el imaginario colectivo solo buscan su interés personal y no el bien común.

De esto  surge que los actos proselitistas o los debates estén siendo rupestres, con descalificaciones a diestra y siniestra, pero sin la legitimidad para llevar la contienda a otro nivel de debate sin caer en el cinismo y la mentira, sin convertir el debate a la corrupción en retórica populista y vacía.

Volteando a ver al pasado, podemos observar que esto no es un fenómeno propio de la época, es un proceso que ahora con las redes y los medios de comunicación acude a nosotros con mayor intensidad, no debe perderse de vista, que el conflicto ha sido la historia repetida del hombre.

De esa manera, es un asunto vidrioso, que en el libro Treinta Claves para entender el poder ( Vol.1)  Elías Aguilar y Javier Sánchez retoman, bajo una teoría particular describe el debate público vigente en México, me refiero a La teoría de la Espiral del Silencio, propuesta por Elisabeth Noelle-Neumman, misma que sostiene que la opinión de la mayoría modela el comportamiento de los individuos y determina la elección de expresarse públicamente o permanecer en silencio.

Prince la califica como la tiranía de la mayoría, cuando señala el peligro potencial de que un tipo de mediocridad de opinión permanezca por la presión de la mayorías; el peligro de que en el rostro de las mayorías, se sobre ponga sobre los puntos de vista minoritarios muy importantes, incluso válidos y correctos, sean fuertemente negados.

Como ejemplo de esto, es que hace unos días el escritor Paco Ignacio Taibo II llame al fusilamiento para quienes fueron hacedores de la Reforma Energética, sin evaluar su avance o resultados técnicos, y la desacredita porque no la entiende o gusta, más allá del rigor técnico; dejando de lado la opinión de los especialistas, o el silencio de los mismos, talando así el debate, conditio sine qua non para el florecimiento de la democracia de calidad.

Si a lo anterior le sumamos el cardumen que pervive en México llamado populismo,  obtenemos un país persistentemente fragmentado, que evoca la reaparición del Estado-centrismo, nacionalismo y la fantasmagórica promesa de inclusión.

Cabe destacar que el populismo ha sido criticado por liberales y conservadores como por las izquierdas políticas. Los primero critican la demagogia de los liderazgos, la ampliación artificial del Estado, la inflación de las expectativas de las masas.

Patricia Funes en su texto Historia Mínima de las ideas Políticas en América Latina(2014) nos menciona que para las izquierdas clásicas, el populismo manipuló al movimiento obrero tras objetivos que no le eran propios, retrasando, impidiendo o coartando la conciencia de la clase obrera y su carácter revolucionario.

Este es el momento en que el populismo emerge, asociando entre sí tres dimensiones: la equivalencia entre las demandas insatisfechas, la cristalización de todas ellas en torno a ciertos símbolos comunes y la emergencia de un líder cuya palabra encarna ese proceso de identificación popular.

Para cerrar parcialmente la idea, acudo diciendo que independientemente de cómo termine la elección en México las experiencias populistas latinoamericanas, han significado retrocesos políticos de gran calado, por mas que sigan contando con muchos adeptos seducidos por el canto de las sirenas tanto dentro como fuera. Hoy la delantera la lleva: un hombre de ocurrencias y no de ideas.