¿Es realmente el gobierno de Peña Nieto el más corrupto de cuantos ha habido en México? En la apariencia todo apunta a una afirmación casi generalizada, sin embargo sería poco serio e irresponsable asumirlo como una verdad absoluta pues la corrupción no se inventó en estos últimos seis años siendo un cáncer social devenido en siglos de nuestra historia nacional. Peña no hizo gobernador a Duarte de Ochoa, tampoco a Medina, de Nuevo León, ni a Roberto Borge, de Quintana Roo, Tampoco a Yarrington de Tamaulipas, ni a Graco Ramírez de Morelos, ni a Padrés, de Sonora, o Granier, de Tabasco, o a muchos más, aunque los metió en cárcel, está cargando sus culpas. Arely Gómez, secretaria de la Función Pública informa en el Senado que la corrupción en el país es “real, grave e inadmisible”; según las estadísticas, dice, “los servidores públicos solo tienen un 38.7% de credibilidad y el Gobierno federal el 25.5% de confianza ciudadana”. Verdad de a kilo, aquí y en todas partes.