Después de una rumbosa fiesta con cohetes multicolores al aire viene el levantamiento de las varas, existe semejanza a cuando un funcionario cometió desmanes durante su desempeño público y después debe explicar su conducta ante los tribunales, entonces la petulancia de que se hizo gala cuando se tuvo el poder se torna en angustiosa vivencia, en permanente tensión nerviosa, en zozobra y preocupación cotidiana, en esta aldea así le ha sucedido a Duarte de Ochoa, a Bermúdez, a Gina Domínguez, a Audirac y muchos más que desde la cárcel diseñan estrategias para recuperar la ansiada libertad. Le ocurre así al ex fiscal Luís Ángel Bravo Contreras, quien quizás jamás imaginó sobre las consecuencias de su actuación en cargo tan delicado, son días difíciles porque la fiesta fue en grande y quienes disfrutaron de aquel jolgorio ahora gritan ¡Sálvese quien pueda! y en la estampida atropellan a quien les pagó la parranda. Cest la vie.