De ser cierta la versión sobre la propiedad valuada en 12 millones de pesos con cargo a Sara Ladrón de Guevara, la Rectora de la Universidad Veracruzana debiera salir a declarar respecto a esa compra por el bien del encargo que ocupa. Está obligada a hacerlo por la función que desempeña, apostarle al olvido implicaría una falta de respeto a los universitarios y a su entorno social. En una sociedad de consumo cualquiera tiene derecho a gozar de los beneficios de su trabajo, pero cuando está de por medio la disposición de un dinero público lo mejor es ser y parecer.