Quizás porque no había necesidad, pero nunca como ahora la clase empresarial se manifiesta públicamente en contra de un candidato presidencial en pleno proceso de campañas políticas. Configuran uno de los poderes fácticos más relevantes en México, por lo cual, sin duda, eran previamente avisados durante la hegemonía priista sobre la identidad del candidato presidencial, una vez ocurrido el “destape” todo caminaba como miel sobre hojuelas; tuvieron serias discrepancias con Echeverría pero ya como presidente y no le fue bien al país. Ahora, Alberto Bailléres y Germán Larrea, lanza en ristre se tiran al ruedo convocando a sus empleados a no votar por el “populismo”, en clara oposición a “ya saben quién”, esa es una expresión democrática pero no escapan al reclamo de Andrés Manuel López Obrador, quien asegura ignoran el significado del concepto “populismo”: “Eso del populismo es un sonsonete que agarran para todo, ni saben qué cosa es lo del populismo, pero lo utilizan para asustar a la gente”. No hay cartas marcadas, la baraja está abierta.