Dialogando

Por Abel Domínguez Camacho

Varios países de Latinoamérica observarán cambios importantes durante 2018, en ellos se llevarán a cabo procesos electorales, a saber: Costa Rica, Cuba, Paraguay, Colombia, México, Brasil y Venezuela. En paralelo en EU se realizarán elecciones intermedias a finales de año. Sin que se tome como consuelo de tontos, en esos países permea la corrupción y la impunidad.

El pasado febrero Transparencia internacional presentó el índice de percepción de la corrupción 2017, destacando que muestra una fuerte presencia de este fenómeno en más de dos tercios de los países. Índice que clasifica 180 países y territorios, emplea una escala de cero a 100, en la cual cero equivale a muy corrupto; refieren que en 2107 la puntuación media es de 43. Una de las muchas conclusiones es que la corrupción está asociada con la “reducción del espacio para la sociedad civil” y que, “cada semana, un periodista es asesinado en un país con altos niveles de corrupción”. Para abundar véase el sitio de Transparency international.

La corrupción y la impunidad son fenómenos que han permeado el escenario mundial y, Latinoamérica no es la excepción; los indicadores de transparencia indican que algunos países de Europa han ascendido en la escala por encima del promedio; superar ese lastre se logra solamente a través programas institucionales y de acciones de la sociedad civil que la acompañen.

En nuestro continente se han realizado esfuerzos por abatir la corrupción, lamentablemente sin los resultados esperados, recientemente Perú y Brasil al menos, fueron puestos en medio de los reflectores, en este último con la detención del expresidente Lula da Silva por actos asociados a los casos de corrupción Autolavado y Odebrecht. Lula hombre de izquierda, él sí, con relevantes logros en su administración y una importante presencia internacional. La persona, Lula no fue capaz de acabar con la lacerante corrupción, hace falta mas que buenas intenciones, hace falta más que el ejemplo en prenda.

Los candidatos a la presidencia de México han tomado como bandera la lucha contra la corrupción, a riesgo de darse un tiro en el pie; no han querido presentar una propuesta concreta, ni lo harán; sin embargo, el candidato de Morena con una retórica antisistema-que le ha funcionado por cierto-ha capitalizado la expresión “vamos a acabar con la corrupción” y “no les voy a fallar”, con pura saliva le ha dado a la dolida sociedad algo así como miel para tus oídos.

México requiere fortalecer la vida institucional en sus tres niveles de gobierno, crear aquellas de acuerdo a los déficit y circunstancias del desarrollo lógico de nuestro país; también, México requiere de una mayor participación de la sociedad civil acompañando y fortaleciendo el funcionamiento de las instituciones, participación social permanente y no solamente en época electoral, como lamentablemente sucede.

Necesitamos un México de instituciones y no, un México de saliva. Con retórica no vamos a salir de ese lastre. Los indicadores económicos de México, comparables con los países latinoamericanos, hablan de acciones institucionales, más-menos acertadas, no son producto de la retórica.