Ciudad de México- 2018-05-2520:39:36-No hay que investigar mucho, ni ser demasiado perspicaz para conocer la histórica desconfianza que se ganaron los banqueros en la mente de Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño culpa a varios de ellos -además de empresarios de otros rubros- por haber financiado y orquestado la campaña en su contra en 2006. Una relación conflictiva que lleva años, y que por estos días atraviesa un lento pero persistente intento de reconciliación.

La resistencia de los magnates se está venciendo a fuerza de realidad: AMLO sigue muy arriba en todos los sondeos, y la apuesta de estas semanas por forzar una polarización en favor de Anaya no está dando resultados, al menos hasta este momento.

Dos datos muy concretos que los empresarios ya visualizaron. Por un lado, la presión que hizo Antonio Baillères sobre Margarita surtió un efecto parcial, pues la ex Primera Dama se bajó pero no anunció -hasta ahora- su apoyo por el queretano.

Algo más importante: tampoco se logró un acercamiento con Los Pinos, que resiste de todas las formas posibles un apoyo subterráneo hacia el candidato del Frente. Se volvió una cuestión personal: EPN no tolera la idea de que su sucesor sea Anaya.

Es esa realidad la que comenzó a forzar a varios magnates a repensar sus estrategias. Algunos resisten estoicos, como el Diablo de Femsa o Eugenio Garza Herrera, de Xignux. Otros, como Alejandro Ramírez ya iniciaron los contactos, según confirmó el propio AMLO.

LPO pudo saber que otro magnate se sumó a las conversaciones en los últimos días: se trata de Luis Robles, el Presidente del Consejo de Administración de BBVA Bancomer y ex titular de la Asociación de Bancos de México. Un verdadero peso pesado del mundo financiero, y que hasta el momento era catalogado como otro de los personajes de la “mafia del poder”.

Robles tiene una larga amistad con Luis Videgaray, un dato que no debe pasarse por alto. Por eso sus reuniones con un alto operador de López Obrador revela que las resistencias empresariales entraron en una zona de resignación.

Hay que recordar que AMLO fue muy duro en su presentación en la última cumbre de banqueros en Acapulco, en donde soltó su frase de “soltar al tigre” si intentaban un fraude. Más explícito imposible, no por su frase sino por el contexto. Pero otro dato es revelador: el tabasqueño no quiso ir al foro de Bancomer justamente por los nexos de Robles, no sólo amigo de Videgaray sino también de Claudio X. González.

“Los movimientos populistas proponen soluciones falaces y generalmente simplistas ante problemas muy complejos, lo que hace que los votantes piensen que el pasado es un lugar mejor para vivir, pero eso es falso”, decía lapidario meses atrás el directivo de Bancomer.

La reunión de Robles y el operador de AMLO ocurrió el pasado miércoles, cerca de las 14:00 horas, cuando a una coqueta oficina de la Colonia Condesa llegaron las camionetas con guaruras que escoltan al banquero.

Robles tiene dos grandes preocupaciones en torno a una eventual Presidencia de López Obrador. En rigor es una sola, pero en dos sentidos: un impuesto especial que solo se orientaría a la banca extranjera y un segundo tributo volcado a las transacciones de corte financiero. Mayor presión tributaria hacia el sector.

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