CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

Presenciamos en México un proceso electoral con características  atípicas: participan por vez primera dos candidatos sin partido a la presidencia de la república, los partidos políticos con registro hacen alianza en tres frentes coaligados, la ciudad de México retorna a una división política en base a alcaldías que serán electas desde que desaparecieran en 1928 de la organización política del Distrito Federal. Otra peculiaridad deriva de la conformación geopolítica del país la cual ilustra que por vez primera el PRI gobierna en menor número de entidades federativas y la oposición formada por el PAN y el PRD están al parejo del PRI en estados gobernados. Aunque en esto último no todo lo que parece es, pues ciertos gobernadores del PRD y uno que otro del PAN electoralmente no caminan al unísono con su candidato presidencial.

Por otro lado, la población mexicana exhibe un intenso interés por el proceso electoral en curso, aunque en ese espejo se manifiestan síntomas de polarización política, pues ya sea en el seno familiar, ya entre militantes de diferentes siglas partidistas, o bien entre gobiernos con origen partidista diverso los desencuentros alcanzan rango de encono; quizás no sea lo mejor, pero al menos se ha despertado el interés ciudadano en la cosa pública, de la cual ha estado ausente delegando en la clase política el hacer y dejar pasar sobre asuntos que conciernen a todos.

Porque viene al caso debemos referirnos a la interesante reflexión de José Woldenberg ahora que asistió a la Feria Internacional del Libro (FILU) 2018, en Xalapa: “Si creemos que podemos prescindir de los políticos, estamos arriesgando la democracia”, porque esta implica “partidos políticos, Congresos y Gobiernos”, obviamente tiene razón, porque en el sentido opuesto toparíamos con el anarquismo. El meollo del avance democrático, dice Woldenberg, radica en la necesidad de una sociedad con ciudadanos participativos: “si no participan, si no se organizan, si no tienen agendas propias y no ponen iniciativas sobre la mesa, sin duda alguna vamos a tener una democracia de bajísima calidad”, tal cual la padecemos, y si seguimos en esa inercia permaneceremos sujetos al arbitrio de los políticos y a la vez quejándonos de lo que les dejamos hacer.

Los procesos electorales coadyuvan a nuestra evolución política, pues a través de ellos elegimos y formamos gobiernos pacíficamente y de ordenada manera, por esto debemos permanecer en vigilia pues, poco a poco, tras el acontecer diario nos acercamos al día de la jornada electoral cuando por voluntad propia elegiremos al presidente de la república, a senadores y diputados, y en Veracruz al gobernador y los miembros del Congreso local, ¿ya tenemos a nuestros favoritos? en Veracruz, ¿quién de los candidatos nos ha convencido para el bien de la entidad?

En eso andamos ahora que arrancaron las campañas de los aspirantes a gobernarnos. Pronto podremos comprobar si la percepción configura per se triunfos electorales, en demérito de estrategias y operación política, las cuales son según la experiencia histórica las herramientas que propician los resultados a favor o en contra. Desde el frente lopezobradorista destaca la estrategia de insistir en un triunfo adelantado a partir de la percepción, que tal es la dinámica empleada por Andrés Manuel López Obrador quien ha sido reiterativo en pronosticar su triunfo en base a encuestas que lo adelantan respecto de sus adversarios. Sin embargo, esa solo es una fotografía del proceso electoral a dos meses de su conclusión, tiempo durante el cual pudieran darse virajes imprevistos, según demuestran casos como el de Emmanuel Macron, en Francia, y el de Donald Trump en los Estados Unidos, pues a ambos las encuestas los señalaban como perdedores. En la democracia lo único tangible es la mayoría de votos.

Electoralmente, la entidad veracruzana, independientemente de su estratégica ubicación geográfica, de su riqueza humana y de recursos naturales, de su pujante economía, posee un acentuado atractivo electoral pues su padrón de votantes ocupa el cuarto lugar en importancia, después del Estado de México, la CDMX y Jalisco, de allí la reiterada presencia de los candidatos a la presidencia de la república: Ricardo Anaya acompañó a Miguel Ángel Yunes Márquez en el arranque de su campaña; Andrés Manuel López Obrador apenas nos visitó la semana pasada y ya anuncia su regreso el 19 del mes en curso, ahora en el norte de la entidad en Pánuco, Tantoyuca y Tuxpan, lo acompañará Cuitláhuac García a quien la afamada “percepción” coloca como un hipotético favorito. José Antonio Meade está pendiente de Veracruz, y este sábado estará en Tuxpan y Poza Rica, acompañado por el candidato Pepe Yunes, y por Orizaba, entrará Jaime Rodríguez, El Bronco.

Todo es campaña política, en el PRI hay ajustes para desterrar el inmovilismo que padece, si no surte efecto entonces habrá problemas pues la clase empresarial se desespera y puede entrar en pánico. Por supuesto que debe ser preocupante para el gobierno de Peña Nieto y el PRI el status de campaña hasta ahora demostrado por José Antonio Meade quien avanza con mucha dificultad; y ha sido AMLO quien puso en la agenda de campaña eso de la posible declinación del frente priista para acuerpar al candidato del Frente por México, Ricardo Anaya; pero esa es una versión interesada plena de incongruencias ¿cómo apoyar a quien previamente han exhibido practicando turbias  operaciones financieras?

La estrategia de la encuestología que privilegia la percepción como pronóstico electoral se practica en Veracruz haciendo parecer al PRI muy a la retaguardia, olvidando los méritos de un candidato con espolones. Pero en el amor y la política, dice la vieja conseja, todo se vale, la lucha es sorda, todos la percibimos así, menos el OPLE.

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