Educación Media Superior: la catástrofe silenciosa

Carlos Luna Escudero

La Educación Media Superior (EMS) es en el  sistema educativo nacional, según el “Glosario Educación Superior” de la Secretaría de Educación Pública, el “Tipo educativo cuyos estudios obligatorios antecedentes son los de la secundaria. Comprende el bachillerato y el profesional técnico. Tiene una duración de dos a cinco años” (cuatro años en el bachillerato con certificación como tecnólogo de la SEP), por el que se adquieren competencias académicas medias para poder ingresar a la educación superior.

Algunas modalidades de este nivel educativo se dividen en varias áreas de especialidad, donde los estudiantes adquieren conocimientos básicos; también hay preparatorias abiertas. Todas las instituciones deben estar incorporadas a la Secretaría de Educación Pública o a alguna universidad estatal o nacional.

El artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos explica: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; ésta y la media superior serán obligatorias…”. Lo anterior tiene no sólo implicaciones de tipo social, sino económico y laboral, pues para incorporarse actualmente al campo del trabajo se deben haber adquirido los estudios de bachillerato en alguna de sus múltiples modalidades.

La Educación Media Superior (EMS) está constituida  por tres modalidades que se organizan en subsistemas: Propedéutica (Bachillerato General), Propedéutica-Terminal (Bachillerato Tecnológico o Bivalente) y Terminal (Profesional Técnico).

La EMS atiende alumnos con edad promedio de entre 15 y 17 años. Como señalamos en la definición, es la base para la educación superior o para incorporarse al mercado laboral, por lo que ofrece a los estudiantes formación que les permite desarrollar competencias genéricas y disciplinares.

En este contexto, dicho nivel educativo contaba para el Ciclo Escolar 2016-2017 con 345 mil 659 alumnos matriculados en 1,817 planteles atendidos por 28 mil 166 docentes.

En Veracruz, este nivel educativo tiene, según la Secretaría de Educación estatal, una cobertura del 79.8%, lo que significa que de cada 100 veracruzanos de 15 a 17 años, solamente 80 logran ingresar a la EMS.

El nivel de absorción es del 99.2%, apenas por debajo del porcentaje nacional que es del 99.3%; cuenta, asimismo, con un abandono escolar del 10%, una reprobación del 8.3% y una eficiencia terminal (es decir, el porcentaje de alumnos que logran concluir este nivel educativo) del 70.6%. Significa lo anterior que 30 alumnos de cada 100 que ingresan no logran terminar sus estudios.

En este mismo ciclo lectivo, el Bachillerato General atendió una matrícula de 254 mil 275 alumnos, atendidos por 18 mil 260 profesores, distribuidos en 1,603 escuelas, en sus diferentes modalidades y subsistemas.

El Bachillerato Profesional Técnico proporciona, o al menos debiera proporcionar, una formación tanto para el trabajo, al dotar a los alumnos de conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes que garanticen su incorporación al mercado laboral, como para la educación superior.

Durante el Ciclo Escolar de referencia, se contó con una matrícula de 9 mil 302 alumnos, atendidos en 21 escuelas por 1,279 profesores. El Bachillerato Tecnológico atendió una matrícula de 81 mil 150 alumnos, a través de 8 mil 411 docentes en 183 planteles.

En nuestra entidad y como estrategia para incrementar la cobertura de este nivel educativo, se inició a partir del 2010 la educación a distancia a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs).

Veracruz emprendió esfuerzos durante los últimos años para llevar la EMS a toda su geografía, por ello se ha venido incrementando sistemáticamente la matrícula del bachillerato, en sus tres modalidades. A pesar de estos empeños, la EMS en nuestra entidad ha venido arrastrando problemas que no ha podido superar.

Ello se traduce en que este nivel educativo no acaba de configurar señales claras de su desarrollo hacia la calidad. El Bachillerato vive una especie de disfuncionalidad, toda vez que no hay claridad en las competencias que los jóvenes deben desarrollar al cursarlo. Sucede que el Bachillerato no suele preparar con suficiencia y pertinencia a los estudiantes para desenvolverse en el mundo del trabajo. Tampoco los habilita adecuadamente para incursionar en la educación superior.

En este contexto, existen factores internos en lo que se refiere a la organización y operación escolar, así como causas externas que generan los pésimos resultados académicos en términos de los aprendizajes.

Los denominados factores internos se asocian con los niveles de responsabilidad y el compromiso de la enseñanza y los aprendizajes que asumen los integrantes de la comunidad escolar: docentes, directivos, personal de apoyo, familias y estudiantes. También aquí entran en juego la planificación didáctica, la intervención pedagógica y los procedimientos y recursos pertinentes para evaluar el progreso en los aprendizajes, que llevan a cabo los docentes y deben supervisar los directivos escolares.

Otros aspectos tienen que ver con las técnicas de autoestudio y autoaprendizaje de los estudiantes, así como con la organización de los tiempos y de las actividades que llevan a cabo a diario los actores educativos al interior de la escuela.

Entre los factores externos se puede señalar la estructura burocrática de la educación, que determina en buena medida el avance o retroceso del proceso de enseñanza-aprendizaje: políticas de ingreso y selección de estudiantes; autorización sobre la cantidad de alumnos por grupo; decisiones sobre el contenido y uso de material didáctico; políticas específicas sobre el acompañamiento y actualización permanente de los docentes y directivos, así como la formación inicial de ambos; definición, desde el escritorio, sobre la infraestructura escolar, los recursos materiales e insumos básicos para el adecuado funcionamiento de la escuela; políticas salariales y de profesionalización de las figuras educativas.

A estos factores que impactan el desempeño de los estudiantes en lo académico como son los conocimientos, habilidades y actitudes o valores, hay que agregar una lista de variables sociales que juegan un papel clave en estos procesos, como son los conflictos familiares, marginalidad social, económica y cultural; problemas de nutrición y de adicción a sustancias tóxicas; delincuencia; embarazos en menores de edad, ausentismo por problemas de salud, entre otros.

Así también, la EMS enfrenta grandes retos como los problemas de acceso, rediseño de planes y limitaciones presupuestales. Como elemento estadístico, se estima que 6 de cada 10 jóvenes en edad de estudiar este nivel, lo cursan en su mayoría en instituciones que abren oportunidades para ingresar a la universidad.

La investigadora educativa Leonor Zavala señala claramente los problemas de la EMS que son los siguientes:

  1. Baja cobertura. En Veracruz se tiene una cobertura de sólo el 79.8%
  2. Alto abandono escolar. En nuestra entidad se estima que existe un 10% de alumnos que abandonan sus estudios. Este problema genera otros como el de los “ninis”, que pueden ser reclutados por grupos criminales, generando además problemas de inseguridad.
  3. Exclusión de jóvenes de grupos menos favorecidos. Ya que el acceso y aprendizaje siguen siendo determinados por su origen socioeconómico y procedencia geográfica. La baja calidad y escasez de opciones educativas para los más pobres, hacen de nuestro sistema educativo un reproductor de las desigualdades sociales.
  4. Planes y programas de estudio sobrecargados con contenido de carácter informativo.
  5. Contenidos poco estimulantes e irrelevantes.
  6. Débil profesionalización de los docentes.
  7. Predominio de modelos poco flexibles.
  8. Baja inversión, ineficiente y rígida.
  9. Reducida proporción de estudiantes que transitan a la Educación Superior.
  10. Brechas significativas entre las competencias que demandan las empresas y las que desarrollan los egresados.

Para superar estos problemas e insuficiencias en el nivel nacional, convergieron durante los últimos años tres importantes reformas: La Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) en 2008, que impulsó la enseñanza por competencias, así como la regulación e integración de los más de 30 subsistemas educativos mediante el establecimiento del Marco Curricular Común y el Sistema Nacional de Bachillerato; la Reforma de 2012, anclada en el mandato constitucional de obligatoriedad y universalización de la EMS; y la Reforma de 2013, impulsada para garantizar que la educación obligatoria sea de calidad.

Muchos desafíos continúan vigentes en la EMS de nuestro estado. De ellos nos ocuparemos en nuestra siguiente entrega.

(Continuará).

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